Los ríos encadenados y secos por las presas

FABIO R. HERRERA-MINIÑO
El hecho de que las aguas, de los ríos principales del país, han sido represados gracias al plan de construcción de presas que llevó a cabo el doctor Balaguer en sus gobiernos, ha servido para estimular a los conservacionistas y ambientalistas a pegar su grito al cielo y denunciar que los ríos están secos y que se extrae el material de sus lechos indiscriminadamente.

Las grandes presas, construidas en los ríos Nizao, Yuna, los dos Yaques, Jima, Mao y el San Juan, han contribuido de una manera notable a estabilizar la producción agropecuaria, proporcionar agua potable a poblaciones importantes como la capital y Santiago, y a la vez, aportar una producción hidroeléctrica que si bien no es notable en cuanto a las necesidades del país, rinde sus frutos de una energía barata y en las horas pico.

Los lechos de los ríos, como el Nizao y el Yaque del Norte, aguas abajo de sus presas como las de Valdesia y las de Tavera y Bao, han dejado de recibir cuantiosos caudales de agua; de ahí la impresión generalizada de que los ríos se están secando, mientras el agua permanece almacenada y es guiada, ya sea por canales abiertos o tuberías de presión para los fines a los cuales se construyeron las presas.

Esos lechos de los ríos, aguas abajo de la presas, dejaron expuestas enormes reservas de agregados, que cuantificados podrían servir de suministro permanente a la industria de la construcción, sin reportar peligros, y a sabiendas de que con la existencia de las presas el agua no circulará en los caudales como se veía en la década de los 60.

De ahí que numerosas empresas extractoras de agregados de los ríos obtuvieron concesiones para aprovechar esas minas de minerales no metálicos, y prioritariamente en el Nizao establecieron sus bases de acción, para proporcionar un agregado muy bueno y de alta calidad, asegurando la resistencia de los hormigones y los bloques de construcción.

Las empresas de agregados prefirieron lo más fácil, y sin una debida supervisión y casi inexistente regulación para ese tipo de extracción, procedieron a hacer grandes hoyos en el lecho y riberas del río Nizao, que ahora, según uno de los empresarios, sirven de criaderos de peces, ya que son lagunas inadecuadas debido a que no se ha procedido a realizar el aprovechamiento correcto, que es a lo largo de la ribera, sin producir esos hoyos, que pueden ser muy bonitos por los peces, pero muy inadecuados para la vida útil de los ríos.

De ahí que, por ejemplo, al río Nizao y al Yuna se les puede extraer grandes volúmenes de material, siempre y cuando se realice ese proceso excavando a lo largo de las riberas y no concentrados en un punto para producir grandes hoyos como los que existen por la zona de Nigua y Cambelén, en donde algunos de esos enormes agujeros sirven de depósito para el ‘rock ash’ que proviene de las plantas térmicas de Itabo y de Haina y es depositado allí desde hace tiempo, sin que nadie se sonroje y pegue el grito al cielo, ya que se trata de material contaminante dominicano, distinto al portorriqueño depositado en Sánchez y Manzanillo.

Otros ríos, como el Yuna, es necesario  proceder a sacarle miles de toneladas de agregados, pero procediendo en una operación longitudinal de forma que se vaya profundizando el lecho del río junto a sus riberas, evitando lo que ocurre ahora, de que con las crecientes del río sus aguas se desbordan por extensos predios agrícolas y de ganado, utilizándolos por los depósitos de piedras que esparce en la zona inundada y nunca más sirve para la agricultura o el pastoreo.

Las autoridades pueden autorizar la operación de las empresas que extraen material de los ríos, pero no como es en la actualidad, que es abriendo grandes hoyos que son preciosas lagunas para peces, sino ir avanzando a lo largo del cauce del río, profundizando su lecho y asegurando que los peligros de las crecientes serían menos temibles durante su ocurrencia.

Los ambientalistas y los conservacionistas no son los más llamados a definir cual es la política de protección de los recursos naturales y su aprovechamiento, ya que por su formación primaria, estuvieron dominados por el odio de clase, y para ellos, quienes extraen materiales de los ríos son parte de la burguesía enemiga del pueblo. Su objetivo de paralizar la extracción de agregados de los ríos es producir una parálisis de la economía de manera que no haya progreso, y por consiguiente, la pobreza continúe dominando el ambiente y más violencia exista y más delincuentes dominen las calles.