Los sismos de proximidad

Conocer de los daños y del pánico trastornador causados por temblores de tierra en la isla de Puerto Rico, de significativos vínculos y cercanía al país, motiva pesar localmente. Es una nación hermana en la que residen muchos dominicanos que no bien se ha recuperado del azote de un huracán cuando pasa a recibir nuevos golpes de la naturaleza. La sismisidad que despierta en el espacio de las Antillas Mayores, con solo el Canal de la Mona de por medio, supone riesgos por proximidad a los epicentros. Cobran mayor actualidad en República Dominicana las recomendaciones universalmente aceptadas para reaccionar al impacto impredecible de movimientos telúricos para la evacuación ordenada desde edificaciones de alto riesgo a partir de las vulnerabilidades de lugares habitados o frecuentados.

Poner atención a la lista de sedes públicas concurridas que en su momento fueron calificadas por especialistas como poco resistentes a temblores, muchas de ellas levantadas antes de que estuviera en vigor el código sísmico que ahora garantiza condiciones de seguridad. Los organismos de protección civil deben tener presente la fragilidad que han denotado muchas escuelas públicas, sobre todo de la región norte, que resultaron agrietadas en preocupantes magnitudes por sismos anteriores. Instruir alumnados sobre los comportamientos que deben seguir para protegerse y sacar de uso planteles deteriorados.

Adelantarse a lo peor

Los hospitales deberían estar óptimamente equipados para salvar vidas en trances comunes surgidos por infartos, frecuente causa de muerte. El interés de lograr protección a ciudadanos en ese sentido queda de manifiesto en el programa piloto iniciado por el Ministerio de Salud Pública para introducir a la red de centros asistenciales un avanzado medicamento para disolver coágulos en el sistema arterial en el comienzo de alguna obstrucción. Dieciséis centros estrenarán la innovación. Los desfibriladores, dispositivo de efecto inmediato, constituyen también opción válida para rescatar de la inminencia de la muerte a personas infartadas. Debe lograrse su disponibilidad en muchos lugares fuera y dentro del sistema hospitalario. Un recurso que vale mucho más que lo que cuesta para el propósito de reducir la mortalidad cardiovascular.