Los sobrevivientes de Fond Parisien

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Fond Parisien. Haití.  Muchos  no tienen casa, ni familia, ni alimentos, y sin embargo se sienten agradecidos.

¿Y cómo no dar gracias por la vida después de  haber corrido el riesgo inminente de perderla en un segundo  como consecuencia del terremoto de 7.3 grados en la escala de Richter que el  martes 12 de este mes impactó a Haití? 

“Yo estaba en el cuartel general de la Policía pero salí un momento a buscar una agenda en el vehículo. De pronto me sentí mareado e inmediatamente comencé a ver cómo edificios se cuarteaban y se destruían. Cerré mis ojos y los volví a abrir, pues pensé que quizás estaba alucinando, pero   continuaba, ahora acompañado de gritos y oscuridad”, nos cuenta con voz baja y todavía un poco confundido  el oficial haitiano Pierre Maxo, para quien a sus 30 años de edad este sismo es la peor tragedia que ha vivido el pueblo haitiano.

Tragedia es la palabra de moda en Haití. Transita de boca en boca. No importa si quien habla es el presidente haitiano, René Preval, o  uno de los niños que esa mañana jugó por última vez con su mejor amigo, pues este último perdió la vida en el terremoto.

“Cuando ocurrió el temblor yo estaba jugando con mi amigo, entonces me dio un mareo y todo se puso negro. Mi amigo y yo corrimos, pero yo  me caí y me desmayé. Después desperté cuando mi mamá, llorando, y un vecino, me sacaron debajo de unas hojas de zinc. Pregunté por mi amigo y me dijeron que murió”, cuenta con  evidente dolor Macienso Freemon, un niño  a quien, con tan sólo 13 años, también le tocó vivir esta catástrofe.

La tragedia no respetó edad, posición social, sexo y ni siquiera deseos de superación. Si así hubiese sido, tal vez Yalen, una hermosa y joven mulata  de 23 años, no estuviese todavía viviendo la angustia de no saber si sus piernas se salvarán o si habrá que amputarlas.

“Cuando pasó todo yo estaba en la universidad, en una clase de Contabilidad. Cuando vine a reaccionar tenía una pared encima. Duré así desde el momento del temblor hasta la medianoche, cuando unos  rescatistas destruyeron la pared para sacarme”, dice.

La vida continúa

La palabra “sobreviviente” le podrá quedar grande a muchos, pero a Pierre, a Macienso y a Yalen les encaja perfectamente. Ellos, aunque todavía un poco desorientados, tienen ya su espíritu fuerte y están dispuestos a continuar luchando por una vida que ahora les resulta más preciada que nunca.

“Estoy vivo por el amor de Dios, -dice Pierre- y ahora me siento fuerte y con mi moral en alto”. Agrega que ya se reintegró al trabajo, pues ahora los civiles haitianos necesitan más que nunca que él cumpla su rol de oficial.

La gratitud también habita en Yalen, quien a pesar de que quizás pierda sus piernas, da las gracias  por la vida.

“Yo tan sólo tengo el riesgo de perder las piernas, pero miles de personas han perdido la vida”, dice.

Y de los tres, quizás el que podría estar más desalentado es Macienso, por lo joven que es al afrontar esta tragedia,  mas ante la pregunta de ¿qué necesitan en estos momentos los niños haitianos? sorprende a todos al responder  que “vida y esperanza”, pues con eso se puede conquistar  todo el mundo. 

La frase

Pierre Maxo

Yo estoy vivo por el amor de Dios y Jesús. Ahora tengo mi moral muy en alto”.