Los tucanos

Reinsertando las coordenadas, cada vez que un gobierno en nuestro país decide adquirir equipos militares, fusiles, unidades navales y aéreas, el mundo criollo, sobre todo el litoral político, se encrespa y demoniza, específicamente del sesgo opuesto al régimen de turno.

Es el caso del presidente Leonel Fernández disponer adquirir una flota de ocho aviones de guerra Super Tucano a la empresa brasilera Embraer por US$93.7 mm, que abrió la caja de Pandora, iniciando una guerra moderna de Troya, en la óptica de las parábolas satélitales, los celulares y los chips del modernismo presente.

Propicia es la ocasión para determinar, en organizar un seminario, por ejemplo por Funglode, Interior y Policía, el CONEP o una ONG, en el que se exprese la real conveniencia de sostener a nuestros institutos armados, primero, y su involucración en los aprestos para combatir el flagelo del narcotráfico, lo segundo.

En los Estados Unidos, la superpotencia unipolar que conduce a empujones el destino de la humanidad, las Fuerzas Armadas no se incluyen en la batalla contra el narcotráfico, sino que se creó un organismo especializado que se llama la DEA (Departament Enforcement Administration).

Involucrar a las FFAA en la guerra contra el narcotráfico supone, y se ha demostrado, propiciar su maleamiento y corrupción.

Adquirir equipos militares para enfrentar el narcotráfico no pocos sostienen no es misión nuestra, sino de a donde fluye el 80% de los narcóticos, y si es el problema de Haití el que justifican unas FFAA poderosas, nunca echaremos el pleito porque se define en cumplir la ley 284-05 y porque el imperio lo impediría. Las FFAA de Colombia no han podido vencer a las FARC en 30 años. Alberto Fujimori descuajó a Tupac Amaru, Sendero Luminoso y Abimael Guzmán en un tris.

¿A quién favorece el crimen, querido Watson?