Los zoquetes de la sociedad

POR TEÓFILO QUICO TABAR
Gran parte de los graves problemas que confronta nuestro país se debe al maridaje que se ha venido produciendo entre los diferentes sectores de poder, entendiendo dentro de ellos al económico, el político, el sindical, el religioso e incluso el de comunicación. Ese maridaje y esa confabulación ha ido ayudando a que se profundicen las distancias entre los más ricos y los que no tienen nada.

Se ha perdido desde hace mucho tiempo el sentido de lo que representa el papel de unos y el de los otros. Sus roles en cierto modo se invirtieron de tal forma que la gente ha llegado a confundirse.

Durante un largo trecho, sindicalistas, religiosos, políticos, comunicadores han dedicado más tiempo a los quehaceres sociales con los sectores de poder que a conocer sus propios problemas y atender a sus propios cartones. Pero eso no ha sido fortuito, todo ha sido bien orquestado. Todo ha formado parte de una estrategia en busca de establecer el criterio de que los políticos son los únicos culpables de los problemas y no los que controlan el poder económico. Ya hay muy pocos políticos, comunicadores, religiosos, sindicalistas de la cúpula que son pobres. Ese era el objetivo. Evitar las luchas entre los que tienen mucho y los que no tienen nada, creando las condiciones para que los herederos de esos problemas fuesen exclusivamente los partidos y los gobiernos. En su afán por ocupar puestos en las esferas de poder y codearse con los que lo tienen todo, se les creó la miopía que les impide comprender los problemas. Sus debilidades humanas, al entenderse desplazados de los bienes y con oportunidades de alcanzarlos, no vacilaron en hacerlo, sin dejar espacio para entender su verdadero papel, o tener la valentía para renunciar a lo que se comprometieron frente a la sociedad.

Cada quien hace con su vida lo que le venga en gana, pero nadie tiene derecho a engañar al resto de la sociedad, vendiéndose como conductores o guías de grupos sociales con características propias y con necesidades comunes, olvidando sus responsabilidades primarias, para servir de zoquetes a quienes en verdad son los creadores y generadores de los problemas.

La sociedad dominicana se está complicando cada día más. Los problemas que agobian a la gente común y corriente se agudizan. No es solo falta de trabajo y educación o carencia de salubridad y seguridad. Los problemas son gravísimos. Lamentablemente la mayoría de los líderes que forman parte de la cúpula comprometida y adocenada no entienden ni comprenden lo que está ocurriendo en el seno de la mayoría de las familias, que observan la opulencia en que viven las cúpulas de poder y el despilfarro de los sectores gobernantes, lo que tiende a agrandar los problemas.

No estamos planteando luchas ni división de clases. Tampoco estamos abogando por una separación entre ricos y pobres. Estamos advirtiendo a los llamados dirigentes del país que forman parte de la cúpula, que si no toman conciencia rápida de lo que ocurre y se le buscan soluciones convincentes, habrá inevitablemente a mediano plazo un desconocimiento casi total de todo lo que signifique liderazgo tradicional, lo que será muy lamentable.

Los políticos tienen que definir más y mejor sus objetivos. Plantear más claramente sus propósitos y establecer clara definición de lo que quiere la organización que representan. Los sindicalistas deben redefinir su rol como tal, o simplemente como empresarios. Los religiosos deben dedicar más tiempo y esfuerzo a la conducción moral y espiritual, sin olvidar su papel terrenal, pero con mayor propensión a los que Jesús predicó y dedicó toda su vida. Los empresarios y los que forman parte del poder económico deberían sacar un poco sus manos del resto de las actividades y no pretender dirigirlo todo.

El nuestro es un país hermoso, su bondad rebosa los límites de lo concebible. La gente es buena y cariñosa. Tiene casi la paciencia de Job. Sabe que hay mentiras y patrañas y es capaz de soportarlas. El nuestro es un país merecedor de mejor suerte. Necesita mayor atención por los de arriba sin confundirse en el papel que cada uno debe jugar.