Luces y sombras 20 años después

Si se nos pidiera que resumiéramos los logros más importantes de la República Dominicana en los últimos 20 años, señalaríamos los siguientes: la estabilidad política y la estabilidad macroeconómica han prevalecido; el crecimiento ha sido alto y sostenido; se ha sumado modernización y capacidad competitiva al aparato productivo nacional; la desigualdad se ha reducido ligeramente; la pobreza, también, se ha encogido; y, en el marco de estos resultados, hemos pasado de ser un país de desarrollo humano medio a uno de desarrollo humano alto, según el Índice de Desarrollo Humano, elaboradopor el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
Sin embargo, no podemos ocultar que esos logros se han producido acompañados de una serie de insuficiencias que hoy constituyen grandes retos que nuestro país tiene que afrontar en los próximos años. Si bien la economía ha crecido, la generación de empleos se ha concentrado de manera preponderante en el sector informal. Los empleos informales superan a los empleos formales. Más del 55% de la población ocupada lo está en el sector informal lo que da la tónica de la heterogeneidad estructural severa de nuestro país. Para muchos economistas, el verdadero desafío de los países de América Latina y el Caribe no es el desempleo, sino la informalidad ya que esta perpetúa las condiciones de exclusión social en que viven la mayoría de los que trabajan en este sector.
Adicionalmente, dos de las más notorias insuficiencias las constituyen la baja calidad tanto de la educación como de la salud. Representan rezagos que duelen. En el caso de la educación, los resultados de las pruebas estandarizadas regionales promovidas por la UNESCO; o las pruebas internacionales PISA, que miden los conocimientos en los jóvenes de 15 años en adelante en lectura, matemáticas y ciencias; o las propias pruebas desarrolladas en el país, han sido penosos. En cuanto a la salud, la Organización Panamericana de la Salud, OPS, reporta que la tasa de mortalidad en menores de 5 años era 35.0 por 1,000 nacidos vivos en República Dominicana versus 15.8 en los países de América Latina y el Caribe. En el caso de la mortalidad neonatal, el dato para el país en 2017 era 15.4 por 1,000 nacidos vivos, también superior al promedio de los países de nuestra región.
El mal desempeño de nuestro país en educación y salud explica porque ocupamos una posición tan baja en el índice de capital humano que elabora el Banco Mundial, la posición 101 entre 157 países. Este índice mide el capital humano que un niño o una niña que nace hoy puede esperar alcanzar a los 18 años, teniendo en cuenta los riesgos de mala salud y educación deficiente que existen en el país en el que se vive.

Calidad de empleo, calidad de educación y calidad de salud son grandes apuestas para los próximos años.