Lucía Medina y orfandad de mecenazgo en RD

Lucía Medina Sánchez, presidenta de la Cámara de Diputados, manifestó recientemente su apoyo al proyecto de ley que cursa en el Congreso para cimentar la estructura del mecenazgo, en orfandad en el país de nuestros dolores y amores, con algunos amagos tímidos del sector privado-
La nobleza de la filosofía del mecenazgo registra su cota bruñida en la etapa gloriosa y sin reprisse del Renacimiento europeo, en el que Italia se alzó con el cetro y la corona de laurel con que los helenos coronaban a los atletas que se imponían en las competencias olímpicas, que tienen su acta de nacimiento en Atenas, con los diez mil metros realizados, sin postas, por Filípides, luego de la batalla de Maratón.
Florencia, arrullada por el Arno, es la referencia más esplendente del Renacimiento por los gestores culturales que ejercieron el mecenazgo, Ludovico Sforza y Lorenzo de Médici, a quien Nicolás Maquiavelo dedicó su magno aporte a la cultura, la psicología y la política, en su pequeña gran obra El Príncipe.
La cultura es la herramienta clave en el desarrollo de una sociedad, y el conocimiento y la formación profesional, el Abrete Sésamo y Abra Cadabra del éxito económico de los pueblos, y lo contrario es retroceso.
El mecenazgo es la Alhambra de Boabdil El Chico, que para los dominicanos es nuestra amada RD, en franca orfandad cultural, por la indiferencia estatal y de los grandes magnates que impiden, como es el caso del autor, editar mi historia de 500 años de Santiago de los Caballeros que he escrito luego de diez años, que reposa en un CD sin recursos para publicar, y el hermano presidente de Lucía Medina Sánchez, lo sabe.