Luis O. Cocco Castillo – ¡Otra carta de Trujillo!

[b]Dominicanos:[/b]

Desde el espacio sideral en que la justicia divina me tiene confinado, a la espera de que mis actos sean final y equilibradamente juzgados, les escribo estas reflexiones, a fin de que puedan analizar por si propios, y defenderse del bombardeo sistemático a que los tienen sometidos, los detractores de mis memorias por conveniencias o convicción.

Encontré mi país en pleno desorden, y me propuse retornarlo al sendero de la paz y trabajo digno. Gracias a la Divina providencia, y a mi tenaz y férreo esfuerzo, puedo afirmar que lo conseguí. En el camino a esas conquistas, encontré escollos, y tuve que asumir responsabilidades de execrables hechos cometidos por subalternos, que pretendiendo congraciarse o emular mi rectitud inquebrantable, entraban en el terreno de la barbarie.

Vive aún en mi memoria (el recuerdo de la escena propia de chacales) la cabeza del general Desiderio Arias, paseada y exhibida a punta de fusil, por las calles de Santiago: Ni ordené ni apoyé eso. Nunca he rehuido responsabilidades; los que vivieron bajo mi Era, saben que la rectitud y responsabilidad eran para mi, como el oxígeno para la vida.

Con dolor de mi alma, y de esto invoco a Dios me perdone, si aun hay tiempo, tuve que ordenar castigo ejemplar para mi hermano Aníbal, sublevado en Mango Fresco, como claro mensaje para todos, de que en mi gobierno las montoneras eran cosas del pasado. Hubo muchos excesos, pero hay uno que no quisiera me sigan endilgando: El horrendo crimen de las Muchachas de Salcedo. ¡No ordené eso!, lo repito, ¡No ordené eso! Mi patrón de conducta para con las mujeres, fue de galantería, esplenditeces, ternura, protección… Le pido a todos, que tienen derecho a conocer la verdad, que promuevan que esto se investigue seriamente. ¿Quien soltó a Peña Rivera y Compartes? ¿Quién substrajo el expediente del Tribunal? ¿Por qué? ¿Para encubrir a quién?…

Por último: Me siguen acusando de ladrón. Pero quienes eso hacen no le dice al pueblo como deben llamarle a los que saquearon luego de mi muerte todo el patrimonio que forjé a base de trabajo tesonero, impartiendo órdenes y laborando día por día, desde las 4:30 de la mañana, en mi oficina de Las Caobas: los Centrales; la CDE, lo que luego llamaron CORDE, Hacienda Fundación, Hacienda María, etc., vertederos gigantes y soportes de la economía nacional, hoy convertidos en carga insoportable para el Estado.

Pregúntense dominicanos ¿que ha pasado con los hospitales públicos, el Seguro Social, y la enseñanza pública? ¿Qué ha pasado con la moneda; con la deuda externa, y con el orden a que todos tienen derecho? ¿Qué pueden explicarles de la explosiva inmigración haitiana, que me siento orgulloso de haber frenado? ¿Por qué le temen a mi música, si es un reflejo fiel de la fecundidad y sensibilidad lírica que aquella época logró hacer germinar, gracias al marco de paz y estabilidad logrados? Mis detractores gratuitos o por conveniencia, deben ya decidirse y comprar “valor” para citar todos los hechos como fueron, no como les convenga divulgarlos; solo así podría cesar en mi vigilia, y ustedes todos, podrían seguir haciendo lo que les venga en ganas.

Con respeto y estima R.L.T.M.