“Lula de nuevo con la fuerza del pueblo”

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ALEJANDRO HERRERA
Con esa consigna, como grito de guerra, el Presidente de la República Federativa del Brasil, el carismático Luiz  Inacio -Lula- da Silva, inició el camino para revalidar un segundo mandato al frente del gigante sudamericano, no sin antes pasar por el susto de tener que acudir a una segunda vuelta, que a fin de cuenta, le resultó mucho más ventajoso desde el punto de vista político, que haber pasado de forma precaria en el primer turno del 5 de octubre.

¿Por qué el triunfo de Lula en la segunda vuelta fue tan contundente y diferente al de la primera elección? Es la pregunta que podrían hacerse muchos espectadores externos del proceso electoral brasileño, en un hecho que no deja de ser extraño, toda vez que lo normal en estos casos, es que el candidato puntero que no obtiene el triunfo en la primera vuelta, en la segunda cae víctima de la polarización donde su tasa de rechazo encuentra cuerpo en nuevas alianzas que terminan favoreciendo al candidato que llegó en segundo.

¿Por qué en Brasil el fenómeno se revirtió y el Presidente Lula ganó los dos turnos, el segundo de forma mucho más convincente? Hay explicaciones claras para quienes tuvimos la oportunidad de estar allí como observadores en representación del PLD e invitados y amigos del PT en ambos momentos. Algo que pudimos notar en los dirigentes del partido de Lula con quienes compartimos previo a la primera vuelta, es que a pesar de su arrojo y dedicación al trabajo no disimulaban rostros de preocupación. No igual en la segunda vuelta, los mismos compañeros, como el Secretario Internacional petista, el joven Valter Pomar, hasta cantó de viva voz la noche antes de la votación como clarísima diferencia del estado de ánimo que reinó en cada momento como preludio de lo que acontecería.

De todos modos, ir a un segundo turno, que en alguna ocasión pareció no previsible, fue un triunfo relativo de los adversarios de Lula que manejaron con crudeza y habilidad manipuladora, incluyendo acciones de impacto de última hora, el tema de la corrupción en el oficialismo, llegando a involucrar a gentes del PT en supuestos sobornos, que recibieron amplias coberturas de las poderosas cadenas que controlan los medios de comunicación escritos y electrónicos del Brasil, y al mismo tiempo sirvió como una advertencia al PT y al presidente Lula sobre el sensitivo fenómeno de la corrupción, que ha decir del mismo gobernante: “nunca he dejado de actuar”, habiendo tomado dolorosas decisiones de separar de su lado a más de un amigo y compañero de lo que siempre le acompañaron desde el inicio mismo de su proyecto político, permitiendo que la justicia actuara.

Sin embargo, asumir la decisión de ir a una segunda vuelta con la naturalidad positiva que lo hizo el presidente Lula, le ayudó bastante. En efecto, en su primera declaración pública Lula sonriente aceptó como una buena oportunidad ir a nueva elección. Alabó la segunda vuelta como mecanismo que el sistema democrático habilita para permitir una mejor expresión y canalización del sentimiento de las mayorías, por medio de un debate más claro acerca de hechos, ideas, programas, ofertas, perfiles, en definitiva un espacio en el que el mensaje político puede ser administrado con mayor eficacia y efectividad, aptitud que significó para Lula un paso adelante en el cuadre hacia la batalla que habría de librar dos días después de cumplir sus 61 años, el 29 de octubre.

Tanto Lula frente a los medios, como dirigentes importantes del PT con quienes tuvimos la oportunidad de dialogar, nos manifestaron como reflexiones concluyentes que el segundo turno como ellos le llaman a la segunda vuelta, permitió en efecto: 1.- Una mejor discusión de los programas, 2.- Que los mensajes provocaran una polarización entre una izquierda solidaria y propulsora de novedosos programas sociales – “bolsas de familia” -”hambre cero”- etc. que disminuyen pobreza y una derecha amiga de los ricos, privatizadora y enemiga de los subsidios a la pobreza. 3.- Permitió poner en su justa dimensión a dos candidatos cuyos perfiles y carismas pudo evaluar fácilmente el elector brasileño -hubo varios debates televisados Lula vs. Alckmin- en función a hechos y trayectorias, credibilidad de los planteamientos de acuerdo a las urgencias y necesidades de un Brasil menos desigual y más pujante.

“La fuerza del pueblo” le ha renovado el mandato al Presidente Lula con cerca de un 61% (ganando en 20 de 27 Estados y 17 gobernadores) un periódico francés tituló su portada: “Lula se iguala a los grandes del mundo”. Ahora las oportunidades del Brasil son muchas y los desafíos del nuevo mandato son mayores. La experiencia y el tiempo están a favor de un presidente Lula más firme y optimista, y que a decir de Mario Soares “representa un fenómeno sociológico sin par que le convierte en una figura emblemática a los ojos de los pobres y de los excluidos” de América y del mundo.