Machete, pico y pala

El machete: Podríamos usarlo para representar las irrefutables verdades sobre la inmigración haitiana hacia nuestro país: 1) Mano de obra barata, 2) Asentamientos oficiales, privados e informales para ese recurso laboral que inició con el cultivo de la caña; 3) Necesidad creada históricamente que luego se hizo costumbre que pasó a elemento indispensable en campos y ciudades para los explotadores de siempre.

El pico: Representando la siembra de una población de haitianos que se multiplicó con la inmigración de familias enteras, la mayoría indocumentadas, que fueron convirtiéndose en dominicanos como los árabes, los españoles, los chinos, etcétera, que están por todas partes, pero en número muchísimo más pequeño.

La pala: Instrumento emblemático de los peones (indispensables para ganar en el ajedrez productivo nacional) tendrá que ser usada como recurso final, en una versión gigantesca, para recoger a todos los haitianos ilegales que supuestamente quedarán cuando los numerosos plazos que da el gobierno terminen de vencerse.

Hace algunos días, el presidente del Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP) clamó porque no se interrumpa el diálogo “entre dos países que están condenados a vivir juntos” lo que me atrevo a interpretar como una velada reivindicación del machete, el pico y la pala que manejan los haitianos o una encubierta resistencia al 80-20 de la Ley que violan permanentemente, con apoyo de un gobierno que gasta millones en legalizar haitianos, sin invertir un centavo en registrar, cuantificar y dignificar la mano de obra criolla en capacidad y disposición de usar esos instrumentos, desacreditándola para que siga relegada durante todo el tiempo que la mano de obra haitiana resulte más barata porque es tradicionalmente ilegal.