Machismo, estetofobia y Navidad

Machismo, estetofobia y Navidad

La palabra “estetofobia” posiblemente no existe en algún diccionario o registro lexicográfico. Digamos que se trata del temor o miedo a la belleza. Parecería difícil de aceptar que alguien tenga temor a las cosas hermosas. Cierta vez escribí sobre las personas para las cuales mantenerse despiertas y libres de cualquier tipo de toxina o narcótico, se les hace difícil. Hay individuos que no pueden parar de hablar o de hacer chistes, por temor a quedarse quietos y sentirse obligados a pensar, en lo que sea. Abundan los que no pueden bajar el ruido de su aparato amplificador, porque temen sentir de lleno su propia soledad y enfrentarse con sus desórdenes interiores.

En el país abundan los ambientes en que se forma el macho dominicano. La familia, el vecindario, la escuela, los grupos de juego y los grupos de la esquina. Se aprende temprano a perseguir y maltratar a aquellos varones que dan muestras de debilidad, delicadeza, refinamiento o afeminamiento. En San Francisco nos reíamos de los que hablaban bien, y ¡ay de aquellos que siempre sacaban la mejor nota, favoritos de la maestra! En mi grupo jamás se decía “¡qué cielo tan estrellado”, sino, “¡qué tolete e’cielo!”. Lo propio del macho era ser áspero y soez, y a menudo mencionar el tolete como símbolo universal de la masculinidad.

Borges decía que belleza es una “experiencia que promete algo que nunca llega a cumplirse”. Lo que resulta penoso, pues lo que en realidad este celebrado escritor nos muestra con su reflexión sobre la estética, es que los hombres tienen a menudo el corazón tan endurecido que están inhibidos, castrados en cuanto su capacidad de emoción estética; lo que también les impide ver que detrás de lo bello y lo perfecto, siempre está Dios.

La belleza es aborrecida por los malos: Manuel del Cabral escribió: “Los malos no comprenden, que por ser malos no comprenden”. Hay gentes a las que el tema del amor, la belleza y la ternura les parece ridículo. Los machos pueden llegar a aborrecer la belleza, porque, como dijo otro poeta, les recuerda que: “(…) tienen, como ellas, débil el alma”. Jesús lloró cuando vio que la dureza del corazón nos impedía ver a Dios. ¿Acaso es por eso que los templos se llenan de muchas mujeres y asisten tan pocos varones? No se dan cuenta de que, como parecen creer algunas sectas, el cielo también estará lleno de hermosas mujeres. Como dijo el bolerista: “antes de amar debe tenerse fe”, porque de no ser así una madre no resistiría que ninguno de sus hijos saliera a la calle, por el miedo a que lo mate una patana.

Borges no pudo ver que detrás de la experiencia estética está Dios. Y detrás del corazón amable, está la única posibilidad de hacer una sociedad justa, y una vida vivible. La incapacidad de las experiencias estéticas y de la espirituales puede ser culturalmente inducida. Unas veces mediante el machismo, otras mediante el orgullo intelectual. Muchos tampoco tienen capacidad para vivir la Navidad.

 

Publicaciones Relacionadas

Más leídas