Madres solteras

ÁNGELA PEÑA
Fue muy astuto el italiano Rocco Buttiglione, candidato a comisario de Justicia y Seguridad de la Unión Europea, en aclarar su declaración referente a la madre soltera. Su reacción fue tan veloz como el reperpero que se armó en el mundo al escuchar y leer la supuesta declaración que se le atribuyó inicialmente: “Los niños que no tienen un padre, sino sólo una madre, son hijos de una madre que no es muy buena”.

Sólo un día se tomó el ministro de Asuntos Europeos de Italia para decir que fue una distorsión total de sus puntos de vista, que lo que dijo fue que “sería mejor si Europa y Estados Unidos permanecían juntos de cara a que los hijos (los ciudadanos) tengan un padre y una madre”. Culpó a la prensa que según él le adjudicó cosas que nunca dijo y se fue en reconocimientos a las mujeres que enfrentan solas la tarea de educar a sus hijos, aunque manifestó que “es obvio que si los hijos tienen un padre y una madre es mejor”.

Tal vez no sólo los comités socialistas, asociaciones políticas y representantes del sexo femenino que rodean al declarante se molestaron con la afirmación y amenazaron con abandonarlo y rechazar su candidatura. También se sentirían heridos millones de mujeres que escogieron esa condición e hijos que se sienten inmensamente agradecidos y orgullosos de sus abnegadas progenitoras.

Hay madres solteras por elección muy particular y por circunstancias de la vida. Cualquiera que haya sido la razón de su estado, pocos seres humanos merecen mayores respetos y reverencias que estas señoras, a pesar de que muchas que educan a sus hijos junto a un padre son prácticamente también madres solteras. En República Dominicana, al menos, la mayoría de los hombres no se toman tan en serio esta responsabilidad. Son más proveedores que educadores. En algunos casos su presencia es más obstáculo que alivio. Son autoridad, más que amor y comprensión. El matrimonio y los hijos no son sus preocupaciones ni prioridades. Hacer dinero o vivir en bohemia les interesa más a pesar de que al cabo de los años reconozcan vanidosos que el eficiente profesional que se destaca es su obra. Desde luego, hay excepciones. Existen padres que toman como obligación su rol y van de la mano con sus compañeras echando adelante la descendencia.

La madre soltera que ejerce con dignidad esa noble función es un ser excepcional y admirable que deja boquiabiertos a quienes la siguen en el sublime empeño de cumplir cabalmente tan difícil ejercicio. Trabaja fuera para el sustento y lo hace también en el hogar con todos los quehaceres domésticos. Debe ser enfermera, psicóloga, maestra, transportista, mensajera, protectora, consejera. Necesariamente tiene que ser dominante y amorosa, paciente, comprensiva, cariñosa. Su instinto maternal la hace débil y tierna pero en ocasiones tiene que sacrificarlo y desdoblarse para convertirse en indomable y fuerte para que se acaten sus disposiciones o defendiendo con garras a su prole de los abusos externos.

Las viudas y divorciadas o las que nunca han tenido compañero estable o pasajero pero decidieron tener sus hijos, son verdaderas heroínas a las que pocos reconocen su ejemplo de valor y entrega, al contrario, la sociedad a veces las critica o rechaza y su propio género las margina o condena con frecuencia.

Aun en estos tiempos, la madre soltera enfrenta serios prejuicios de una sociedad en la que prevalecen sentimientos y actitudes de una cultura machista arcaica y excluyente, a la que debe pertenecer el ministro Butiglione que sería un insolente si fue cierto, como dijeron, que llamó mujeres malas a estas santas.