Madrid respalda a Serrat ante su operación de cáncer

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MADRID (EFE).- La emoción presidió ayer el teatro Albéniz de Madrid, en el que Joan Manuel Serrat ofreció el primero de sus cinco conciertos de la gira Serrat Sinfónico.

El público, que llenaba la sala, recibió en pie y con una gran ovación al cantante, que se mostró muy emocionado.

La noticia en la que se anunció que Serrat cancelaba su gira por América al tener que someterse a una intervención de cáncer de vejiga, dolencia de la que se está tratando desde hace año y medio, contribuyó a esa emoción, en ocasiones contenida.

Serrat, arropado por los 90 músicos de la Orquesta Sinfónica de la Comunidad de Madrid, dirigida por Joan Albert Amargós, eligió “Se equivocó la paloma” para comenzar el recital, que duró más de dos horas y media.

Como siempre, el cantante habló con la gente y lo hizo a gusto, porque el teatro Albéniz ya se ha convertido en su casa cuando pasa por Madrid. Es más, ya no quedan entradas para ninguno de los conciertos.

 “Mi sincera gratitud por destinar una noche de sus vidas a estar aquí”, le dijo el músico a su público. Serrat cantó canciones de ahora, como “Es caprichoso el azar” o “La bella y el metro”, y otras que ya tienen casi 40 años, como “Canco de matinada”, en catalán.

A ésta se refirió como “un tema cargado de simbolismo, porque es el primero que se convirtió en número uno en un momento en el que en este país mandaba un general de galones gordito, bajito y con bigote, que aunque era de Galicia no le gustaban las periferias y menos que se cantase en idiomas periféricos”, en referencia al general Franco.

También interpretó “Herido de amor”, un poema de Federico García Lorca musicado por él mismo para Ana Belén; “Princesa”, “Penélope” y “Aquellas pequeñas cosas”, que se llevaron las mayores ovaciones.

En catalán cantó “Pare”, “Paraules de amor” y “Ara que tinc vint anys”, pero actualizada, haciendo referencia a sus 60 años, que cumplió en diciembre, y puso fin a la primera parte del concierto con “De cartón piedra”. La segunda parte comenzó con “Mediterráneo”.

 “Magnífica, cómplice, generosa y estupenda”, dijo Serrat refiriéndose a la orquesta, para la que pidió un aplauso, y reclamó otro para el violín concertino de Víctor Ariola, el piano de Ricardo Miralles y la batuta de Amargós, con quien grabó hace un año el álbum “Serrat Sinfónico”.

Para terminar, eligió “Barquito de papel” y “Cantares”, y ante las peticiones del público, totalmente entregado y muchos con lágrimas, interpretó “Palabras de amor” y “La Saeta”.

Ya sin orquesta, con Miralles y Amargós compartiendo piano, recuperó “No hago otra cosa que pensar en ti” y “Lucía”, con las que se despidió.

Tras Madrid, actuará el 4 de noviembre en Gerona antes de pasar por el quirófano.