Malaria: muerte materna

19_03_2019 HOY_MARTES_190319_ Opinión10 A

“Dichosa edad y siglos dichosos aquéllos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío.” Así escribía Miguel De Cervantes Saavedra en su joya literaria Don Quijote de la Mancha.
Dos siglos antes de la Era Cristiana, Publio Terencio sentenciaba: “Nada humano me es ajeno”. Obligo la memoria a trasladarse siete década atrás y apenas registra unas brigadas uniformadas con unos tanques en la espalda fumigando el interior de nuestra vivienda, la cocina y el retrete, así como depositando cloro en todos los depósitos de agua. Se trataba de la periódica jornada de malariología destinada al control del mosquito Anopheles, insecto responsable de la transmisión al humano del plasmodium falciparum, hematozoario causante de la forma grave de paludismo.
Las fiebres terciarias, conocidas en nuestro argot rural como “fiebre mala”, muestra un cuadro clínico característico: hipertermia precedida por escalofrío y temblor para concluir con una sudoración profusa y alivio temporal. El mismo episodio se repetirá a las 48 horas, de ahí su fácil sospecha diagnóstica. Digo fácil para quienes crecimos en el ambiente rural de las áreas endémicas donde son muy conocidos las voraces hematófagas punzadas succionadoras nocturnas de la hembra del mosquitoAnopheles.
Casi a setenta años del recuerdo infantil, en pleno siglo XXI y en el Gran Santo Domingo, capital de la República Dominicana, una joven adulta de 25 años cursa su séptimo mes de embarazo con quince días de fiebre intermitente. Habita en la cercanía de una cañada con sus tres hijos. Se le nota un tinte amarillento de la piel y luce muy anémica. Por su deteriorado estado físico es conducida al Hospital Materno Infantil San Lorenzo de los Minas, ubicado en Santo Domingo Este. Un estudio hematológico de “Gota gruesa” permite visualizar en abundancia al protozoario etiológico de la malaria grave.
La infortunada mujer es descrita por los médicos que la atienden como agitada, con dificultad respiratoria, febril, deshidratada, ictérica, en malas condiciones higiénicas y en proceso de parto prematuro. Es manejada en la unidad de cuidados intensivos bajo el protocolo elaborado por el Centro de Control de Enfermedades Tropicales del Ministerio de Salud Pública. A pesar de los heroicos esfuerzos realizados ocurrió la muerte materna doce días posteriores a su internamiento.
Al experto en medicina tropical no le sorprende el curso y desenlace de este lamentable caso puesto que es harto conocido que la malaria falciparum es propensa a una gran morbilidad y mortalidad durante el embarazo.
Una de las razones biológicas esgrimidas es que la mujer embarazada tiene su sistema de defensa fisiológicamente alterado para hacerlo tolerante al feto que contiene una mitad ajena a la madre. Esa circunstancia es aprovechada por el parásito para ampararse en el templo placentario, libre de los ataques defensivos naturales. Para colmo de males, los glóbulos rojos invadidos por el hematozoario se deforman y se tornan pegajosos lo que hace lento su movimiento. Es así como se taponan los capilares cerebrales, generándose seriaslesiones encefálicas.
La autopsia evidenció un gran edema pulmonar y extenso daño orgánico, tanto en el hígado, como en los riñones.
Otra muerte materna evitable. Fallas en la Atención Primaria oportuna.