Mango

ROBERTO CANAÁN
La destrucción de la ecología y el medio ambiente en Haití, es uno de los desastres ecológicos, más importantes de mundo. La tala indiscriminada de árboles y los ríos secos amenazan con convertir a la isla Hispaniola en el primer desierto del Caribe. Un solo árbol ha sobrevivido a la depredación en Haití: el mango. El mango es uno de los pocos árboles que no es talado por los haitianos para hacer leña y su exportación es uno de los renglones más prósperos de la economía haitiana. El haitiano aprecia el mango como un alimento nutritivo, protegido por la población como una vaca sagrada.

En la India la vaca es un animal sagrado, protegido por la población. El himno a la Vaca Sagrada dice: “De tu primer ordeño salieron las aguas, el alimento y la leche. La vaca es la madre de la tribu. La vaca es tu madre”. En una calle cualquiera en Calcuta, por ejemplo las vacas deambulan libremente regando su estiércol a diestra y siniestra. Millones de hindúes han fallecido y otros tantos siguen desnutridos y hambrientos con rumbo seguro al sepulcro. Este es un ejemplo tangible y triste del pernicioso poder de los mitos sobre la mentalidad y conducta de los hombres. Mientras en la India se mueren de hambre por respetar las vacas, en el Caribe comemos mangos.

En Santo Domingo, el barrio de Mata Hambre le debe su nombre, a la época de Lilis, cuando los capitaleños iban a matarse el hambre, manoteando mangos en las fincas del sector. En la era de Lilis, los capataces de las fincas permitían que se comieran los mangos caídos, pero prohibían que le tiraran piedras a las pinturitas.

Los grupos organizados que luchan por la preservación de la ecología y el medio ambiente de la isla Hispaniola, tales como Sur Profundo, Ébano Verde, el Partido Verde Dominicano, la Coalición Verde y los demás movimientos ecológicos del país, deberían concentrar sus esfuerzos en el fomento de la siembra de mangos en la zona de la frontera y el resto del país, por ser este árbol “la vaca sagrada de los haitianos y dominicanos”. También deberíamos apoyar con entusiasmo, la ejecución del proyecto de “Las Colonias Verdes” en los lugares preseleccionados del territorio haitiano, aprovechando las ayudas y la cooperación que nos ofrecen algunos países de la Comunidad Económica Europea para estos fines. Antes que sea demasiado tarde, evitemos la desertización de la isla.