Manolo y Minerva

Señor director:

Alrededor de todo hombre extraordinario siempre se encuentra una mujer extraordinaria. Es una expresión que llevo escuchando desde que tengo uso de razón.

Y a la luz de las experiencias conocidas, conviértase en una verdad que no amerita discusión y ni duda alguna. Y para reafirmación de esa verdad, el ejemplo que presento a seguidas.

Manuel Aurelio Tavárez Justo, un dominicano dueño de grandes virtudes: Carismático, decisión y temple, honesto, inteligente, osado, valiente.

Minerva Mirabal, una dominicana engalanada de grandes virtudes: Belleza (física y espiritual), decisión y temple, honesta, inteligencia, valiente.

Conformaron una pareja ejemplar. Un bello matrimonio. Tras los hechos de junio del 1959, desplegados por los hombres de la “raza inmortal”, asumieron -ambos- una misma decisión: enfrentar a la tiranía de Rafael Leonidas Trujillo Molina y sus secuaces.

Juntos, decidieron correr los riesgos que encierra toda lucha clandestina.

Encabezaron todo un plan de trabajo, que culminare con el surgimiento, en la clandestinidad, del Movimiento Revolucionario 14 de junio (M.R. -1J4-)

A él, correspondió la responsabilidad de asumir la presidencia de esa agrupación política clandestina, en el 1960.

Desvelado fue el movimiento, por los aparatos de seguridad del Estado al servicio del tirano. Y entonces, al igual que otros tantos dominicanos que militaban en el mismo, ello dos, fueron víctima de: prisiones, torturas (físicas y morales), vejámenes, y otros tipos de atropellos.

Asumieron esos riesgos con coraje y decisión. Con templanza de acero. Muchos, sí, los “catorcistas” asesinados por esa tiranía. No sin antes, éstos, haber recibido torturas crueles e inhumanas.

A Minerva, al igual que otras dos de sus hermanas (Patria y María Teresa), el 25 de noviembre de 1960, le dieron muerte los esbirros del tirano. Por expresa disposición de este último.

Asesinadas, fueron, a batazos y tubazos.

También, Rufino de la Cruz, el chofer del vehículo en que ellas se movilizaban, en dicha vía, fue asesinado de manera brutal.

Esos esbirros, actuaron como si no hubieren nacido en el vientre de una mujer. Además, como si por sus venas no corrieran sangre humana.

Esos esbirros no eran seres humanos. Bestias sí eran. Asesinos sí eran. Cobardes sí eran. Actuaron como Caín, que mató a su hermano Abel.

Esos esbirros, para cometer esos genocidios, se ampararon en la fuerza y sombra del poder político de aquel entonces.

Cuarentaitrés años han transcurrido.

Prosigo rindiendo mis tributos de admiración, recordación y respeto hacia Patria, María Teresa y Minerva Mirabal.

También, rindo mi tributo de admiración y respeto por Rufino de la Cruz, ese chofer que nunca se amilanó en acompañarlas.

Ellas, ejemplos fueron de esposas honestas, fieles y leales. Testimonios, son, para las esposas y madres de hoy día.

“Manolo” y Minerva, son, pues, el testimonio y la confirmación de que: alrededor de todo hombre extraordinario, siempre, se encuentra una mujer extraordinaria.

Loores eternos.

Atentamente,

José Manuel Vargas González