Manual moderno para un golpe de Estado exitoso

Que nadie se escandalice por este título. Creo en la democracia y en el respeto a la misma. Sin embargo, de Honduras hay que aprender y sacar conclusiones, teniendo en cuenta que algunos quieren forzarnos a creer que no hubo lo que sí hubo.

En los sesenta, con la doctrina de seguridad nacional, la expansión del castro-comunismo y la subversión, se extendieron los golpes de Estado que implantaron brutales dictaduras; el pretexto era fácil y garantizaba un rápido reconocimiento.  Ahora, el problema es más complejo y requiere de un manual con los factores  que puedan garantizar el éxito.

Si va a dar un golpe, olvídese del castrismo, es más atractivo hablar del expansionismo chavista, del petro-socialismo y del intento de endulzarnos con su “ socialismo del siglo XXI”. Con ello, quizás no logre un respaldo abierto de la Casa Blanca – en tanto resida un demócrata en ella – pero sí el apoyo de la extrema derecha – sus verdaderos aliados estratégicos – en el Congreso. Si, además, usted fue capaz de escoger el momento en que el Ejecutivo norteamericano esté empeñado en un proyecto que requiera el consenso bi-partidista, cualquier cosa puede pasar.

Aproveche cualquier torpeza política del Presidente legalmente electo para enemistarlo con el resto de los poderes. Eso es importante, no solo para intentar darle una fachada de legalidad a su quebranto de la Constitución sino para que cuando presente un hecho consumado no duden en darle el visto bueno y no le amarguen el triunfo.

Asegúrese una oficialidad que no dude en usar sus armas a cualquier hora para extraditar al Presidente, violando la Constitución. Qué importa, en definitiva puede no ser más que “un pedazo de papel”  o  estar “moribunda”. No olvide, en gratitud, llamarlos después “patriotas”. Identifique un medio de prensa internacional que no le llame “gobierno de facto”  sino  “interino”.

No se le vaya ocurrir declarar a la prensa, inmediatamente después del  golpe, que el presidente defenestrado no tiene problemas legales, porque si se complica la legitimidad internacional puede tener que abrirle procesos. Organice elecciones, para algunos serán un pretexto para legitimar el golpe y quitarse los remordimientos. Ah, algo importantísimo: evite que se conforme una Comisión de la Verdad que pueda decir que sí hubo golpe.

Bueno, a la larga la historia le pasará cuentas. Mejor ser un demócrata consecuente y dejar que hablen las urnas y no las armas.