Manuel Ramón García Germán

Bonaparte Gautreaux Piñeyro

La muerte de Manuel Ramón García Germán se llevó un pedazo de mis mejores recuerdos, aquellos que forman parte del tiempo en que perseguimos la utopía. Cuando murió mamá se llevó consigo mis recuerdos más lejanos, los de la infancia, los de la niñez. Esos momentos solo pueden ser recuperados a través de la memoria y de los recuerdos.
Como no recuerdo con lágrimas a los que se fueron, relataré algunas experiencias de la relación entre García y yo, que más que amistad fue hermandad, durante 55 años.
En ese tiempo conocí un hombre sin dobleces, de una conducta recta, orientada por valores tales como: honradez, trabajo, estudio, patriotismo sin dobleces y espíritu democrático permanente.
Aquella tarde de Abril de 1965, el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó me dijo: “Cuando venga el coronel Juan Lora Fernández, le dices que esa es su oficina, la cual ocupará como Jefe de Estado Mayor del Ejército”. Era la tarde del 28 de Abril.
Antes que Lora, llegó el capitán Manuel Ramón García Germán a quien conocía de vista de la Universidad Autónoma de Santo Domingo y por la referencia que me hizo mi primo el doctor Rafael Augusto (Yuyo) Michel Suero, quien lo conoció cuando prestaba servicio, como militar, en la Barahona de los años 40.
A la llegada de Lora Fernández ya García Germán estaba instalado en la oficina, pues había sido designado por el coronel Caamaño Deñó como Asistente del Jefe de Estado Mayor, posición desde la cual hizo el excelente trabajo a que estaba acostumbrado como militar con entrenamiento en el país, en Panamá, en Venezuela.
Antiguo estudiante de ingeniería, fue entrenado para trabajar en el Instituto Cartográfico Militar, situado al inicio de la calle El Conde.
En 1962, junto a otros oficiales, propuso crear una frontera viva con Haití, mediante la creación de cuarteles compuestos por militares que cultivaran la tierra y prestaran servicio como soldados. Servirían como centinelas de los límites de la República, en toda la parte oeste.
La consulta arrojó un alto número de militares dispuestos a prestar sus servicios en la frontera bajo el sistema propuesto. Por eso lo sacaron de la guardia y aprovechó para terminar la carrera de Contador.
Al regreso de Juan Bosch de su exilio en Puerto Rico, nos convertimos en sus hombres de mayor confianza hasta que se fue para España y volvimos a esas tareas hasta 1978.
Siempre trabajamos como voluntarios, en arriesgadas misiones relacionadas con el servicio de guardaespaldas, seguridad y trabajos confidenciales de alta política.
Eso, hasta que, en 1978, el llamado de Bosch a desconocer la voluntad popular expresada en favor del PRD, mostró una dudosa conducta que lo retrataba como entregado a Joaquín Balaguer. García y yo nos fuimos de su lado.