MANUEL TARRAZO
La cirugía estética es la parte quirúrgica de la psiquiatría

POR SINTHIA SANCHEZ
Con voz suave y pausada, y una sonrisa a flor de labios, el doctor Manuel Tarrazo llegó a nuestro encuentro junto a su esposa e hijos. Después del saludo y la debida presentación, nos acomodamos en un sofá donde este eminente médico dominicano radicado en España, nos habla de sus orígenes, sus amores, su familia y del tema que más le apasiona: la cirugía plástica, estética y reparadora.

Esta rama de la medicina, que como bien es sabido, se ha constituido en uno de los muchos caminos hacia la belleza, y tiene como objetivo mejorar nuestro aspecto y calidad de vida, ya que la imagen ejerce una influencia muy importante en nuestro desarrollo personal, pues creer que tenemos algún defecto nos hace sentir inseguros y afecta nuestra capacidad de relacionarnos.

A diferencia de otras especialidades médicas, la cirugía estética no está dirigida al enfermo, sino a individuos sanos que se someten a ella por su propia voluntad, buscando embellecer las formas del cuerpo o del rostro, o cuando una característica física condiciona en mayor o menor grado nuestra existencia.

Y es que a los ojos del paciente, el cirujano plástico es como un escultor que va moldeando una obra de arte, siempre en busca de la belleza y la armonía del cuerpo humano.

Manuel Tarrazo es hijo de Ricardo Tarrazo Rodríguez, español, y Walkiria Torres Miranda, dominicana. Es el segundo de cinco hermanos. Su infancia transcurrió feliz en San Pedro de Macorís, “un pueblo pequeño donde todos nos conocíamos y  donde las fiestas se hacían en casas”.

De San Pedro de Macorís añora sus amigos, a quienes ve con una frecuencia relativa, cada vez que visita al país, unas cinco o seis veces al año, cuando acude detrás de esas añoranzas, a la vez que también aprovecha para realizar cirugías que ha programado previamente en el Centro Médico UCE. Extraña el campo dominicano, las playas de su pueblo, la gente del país y sobre todo, a sus padres y hermanos. 

Cursó sus estudios primarios en el colegio Cristo Rey, mientras que los grados de la secundaria los realizó en el colegio San Pedro Apóstol. Al terminar el bachillerato, tuvo la suerte de poder ingresar a la facultad de Medicina de la Universidad Central del Este, UCE, ubicada en su ciudad natal, por lo cual no tuvo que mudarse de la casa de sus padres. Al concluir, el doctor Tarrazo hizo su internado en el Hospital Moscoso Puello y después pasó al Hospital Materno Infantil de Los Minas, y posteriormente en el Centro Médico UCE, donde realizó la pasantía.

Después de completada su formación en el país, viajó a España a realizar una especialidad en Cirugía Plástica, Estética y Reparadora, en la Cruz Roja de Madrid. Después de cinco años, en el 1991, terminó su especialidad con tan sólo 28 años de edad. A partir de entonces, Manuel Tarrazo instaló su consultorio privado en Madrid, y desde entonces comenzó a arquirir prestigio ens lo que sería una brillante carrera.

Poco a poco, se abrió camino y se hizo un hueco en aquella exigente sociedad europea, al punto de conseguir ser Jefe de Cirugía Plástica del Hospital de la benerable Orden III de San Francisco de Asís, donde murió Cervantes. Este hospital tiene ya 350 años, aunque sus instalaciones contrastan con su edad, pues hoy por hoy este centro hospitalario cuenta con los más modernos equipos y está ubicado en Los Austrias, una exclusiva zona de Madrid.

Su formación continuada la ha recibido en el Instituto de Cirugía Reconstructiva Profesor Guerrero Santos, en Jalisco, México, centro al que asiste desde hace diez años de manera consecutiva, además de otros cursos en países como Bélgica.

El doctor Manuel Tarrazo confiesa que su trabajo en Madrid “es bastante agobiante. Allí es donde he sentado mi base. Mi consulta privada está en Alcobendas, ubicado en la zona norte de Madrid”, afirma

Por otro lado, nos amplía que, “Nos gusta evaluar el paciente postoperatorio personalmente, que nos vea la cara la noche antes del día de su cirugía. Afortunadamente, durante todos estos años, he podido formar a un excelente equipo de profesionales que laboran conmigo y cuando yo no estoy, todo marcha bien”.    

La familia, eje en torno al cual gira su vida

Al terminar su especialidad en Madrid, el doctor Manuel Tarrazo decidió quedarse a residir en España y allí desarrollar su carrera como cirujano plástico.

¿Qué pudo motivar a un dominicano a establecer su residencia lejos de su tierra y de los suyos?

“El amor. Me enamoré de Alicia, una madrileña. Me casé con ella antes de terminar la especialidad y después tuvimos nuestra primera hija, Alicia. El corazón me fue asentando en Madrid y allí senté raíces. Pero por suerte, Dios me permite viajar a República Dominicana a operar, con la bendición de que mis pacientes me esperan y cada vez son más. Tengo la gran dicha de que ellos se planifican y me esperan, al tiempo que eso me permite también ver mis playas, mis padres, mis amigos y mi gente”.

El doctor Manuel Tarrazo ha conformado con su esposa una hermosa familia, intregada además por sus hijos Alicia, Manuel y Walkiria.

En cuanto a la relación de pareja afirma que “es muy buena, estamos muy bien acoplados. Tuve una gran suerte de encontrarla, porque es una gran mujer, muy buena madre, luchadora, trabajadora, consentidora y complaciente. Ella me hace sentir rey y príncipe, y a veces me lo creo. Estos 16 años han sido maravillosos”.

Manuel y Alicia unieron sus vidas en matrimonio en el año 1988 mediante una ceremonia ante un juez civil y les ha ido tan bien, que hace dos años decidieron celebrar la boda religiosa acompañados por sus tres hijos.

Envueltos en un cálido ambiente, los esposos Tarrazo intercambian miradas de complicidad. El lenguaje con que ambos se comunican va mucho más allá de las palabras. El amor que se profesan hace que cada gesto tenga un significado especial.

Alicia De la Fuente de Tarrazo nos cuenta que por una de esas coincidencias que tiene la vida, fue su madre quien le presentó a Manolo, como le llaman con cariño quienes lo conocen de cerca. Recuerda que su madre pertenecía a un grupo de la iglesia al que por casualidad Manuel también asistía. Allí se conocieron hasta que un buen día lo invitó a cenar a la casa, pero Alicia no estaba presente. No obstante, su madre insistía constantemente en presentarle a un joven muchacho dominicano, médico de profesión. Finalmente, llegó el día  en que ambos coincidieron y al conocerse, surgió lo que ellos llaman un “amor a primera vista”.

Alicia, con ojos muy abiertos, como remontándose al grato recuerdo, nos dice: “Ese primer encuentro fue maravilloso. Yo creo en el flechazo, porque este amor ha sido desde el primer momento en que lo ví hasta el día de hoy. Tenemos un matrimonio muy estable y no tenemos ningún problema. Creo que esta estabilidad que hoy día tenemos se basa en la confianza. Tenemos unos pilares muy sólidos que sustentan nuestra relación”, comenta mientras continúa narrando: “Trabajo con él. Me encargo de la atención al paciente. Cuido y mimo que todo lo que no tiene que ver con bisturí salga perfecto. Me ocupo de que cuando él llega al quirófano todo esté listo, para que no tenga que preocuparse por nada y el interés que yo tengo de que todo salga bien posiblemente no lo tenga nadie”, asegura Alicia, quien es auxiliar sanitaria y ayudante quirúrgica, por lo que se ha convertido en la mano derecha de su marido.

El doctor Tarrazo nos dice que la familia es lo más importante que tiene un ser humano, el motor que lo mantiene firme. “Es la escuela que nos enseña a vivir. Es la doctrina que nos pauta cómo debemos hacer las cosas. Es el orden natural de la vida. Sin la familia sería un desorden la vida”.

A la familia Tarrazo les gusta disfrutar del mar, por eso han adquirido una casa a orillas de la playa de Guayacanes. En España disfrutan de una casa en los picos de Europa, pues también son amantes de las montañas, donde practican alpinismo. Además, se confiesan fanáticos del cine y de los parques temáticos.

Un cirujano plástico de vocación

Manuel Tarrazo ostenta el título de Cirujano Plástico, Estético y Reparador, y afirma con orgullo: “Yo soy médico de vocación. Para mí, la cirugía estética es la parte quirúrgica de la psiquiatría. Creo que a través de un buen trabajo podemos solucionar desequilibrios psicosociales en las personas y qué duda cabe, que a través de un mal trabajo podemos también hundir a un paciente, por lo cual pienso que nuestra trabajo es importantísimo. Creo que quien se mete en un quirófano a practicarse una cirugía estética es una persona capaz, segura, inteligente y autónoma”.

Como en la ciencia médica siempre hay tantas novedades, todos los años asiste en México a unos cursos de actualización en cirugía plástica, estética y recontructiva.

Según el doctor Tarrazo, la cirugía más solicitada es la de la cara, seguida de la de las mamas y el abdomen. Otro procedimiento muy demandado es la liposucción, que a su juicio, se puede hacer de una manera más actual que cuando se usaba el método de ultrasonido. La vibrosucción, es el método  que a través de un mecanismo vibratorio y de aspiración, permite al cirujano disolver y extraer la grasa de una manera poco traumática, sin necesidad de la utilización de energía ultrasónica, logrando resultados excelentes.

Para él, el rey de la medicina estética es la toxina botulínica o “botox”, que se utiliza para la eliminación de las líneas de expresión. Este procedimiento evita que se contraiga el músculo, logrando que se minimicen las arrugas de expresión, sin cambiar la expresión en el rostro del paciente. Al respecto, el especialista advierte que: “Hay que tener mucho cuidado a la hora de elegir quién va colocar el botox al paciente, porque mal utilizado, puede cambiar la expresión del rostro y eso es muy desagradable”, asegura.

Afirma que lo más actual en la cirugía de aumento de mama es poder trabajar a través de una mínima incisión a través de la cual se coloca la prótesis detrás del músculo pectoral para que se vean naturales, armónicas y que no se noten como bolas.

Tarrazo afirma que en cuanto a la reducción de mamas, que siempre han sido el “cuco” de la cirugía estética porque dejaban una cicatriz en forma de un ancla, hoy día se pueden conseguir mejores resultados haciendo una sola citatriz, lo que considera un gran logro.

Al cuestionarle acerca de cuáles son los riesgos que conllevan estos procedimientos, el cirujano afirma que “para hablar de riesgos primero hay que delimitar cuál es la cirugía, dónde se hizo y quién la practicó. Lo primero a tomar en cuenta es elegir un especialista, porque un médico especializado en la materia no va a ingresar a un paciente a un cuartito, ni va a permitir operar en un lugar donde no haya una unidad de cuidados intensivos, que aunque casi nunca hace falta, da mucha tranquilidad. Un cirujano plástico no te va a operar en cualquier lugar, va a elegir un centro médico en condiciones”.

El galeno asegura que el tiempo de recuperación de una liposucción depende del tipo de cirugía, pues hay muchas maneras de hacerla, aunque nos dice que el proceso de recuperación es lento, pero que cuanto más fina sea la técnica utilizada, más rápida será la recuperación. “Puede ser de tres semanas a tres meses, pero los tejidos no están vírgenes de nuevo antes de por lo menos un año”.

Para Manuel Tarrazo la disciplina está completamente casada con la vocación, pues considera que no existe una disciplina de trabajo, algunas cosas saldrán bien y otras mal, en función del azar.

Considera que es esencial poner alma y corazón en cada detalle de un procedimiento. “El detalle inicial y el detalle final es imprescindible, no sólo para un buen resultado, sino para la exquisitez en el trato al paciente, que siempre se lo merece”.

Manuel Tarrazo se define a sí mismo como un médico de vocación, educado entre la gente humilde que acude a los hospitales de Los Minas, Moscoso Puello y al Hospital Georges, de San Pedro de Macorís. Se visualiza como un hombre que al azar decidió estudiar una especialidad quirúrgica que hoy día se ha convertido en una especialidad de élite, concepto con el cual no se identifica.

Sin falsas modestias, se considera un hombre exitoso y piensa que su éxito radica en la familia que posee, porque a pesar de los logros alcanzados, continúa teniendo ilusiones y metas altas, incentivado por ellos.

Uno de sus grandes anhelos era vivir en los dos países, tanto en España como en República Dominicana, y desde hace ocho años, Manuel está realizando ese sueño, porque viaja a nuestro país constantemente. El éxito profesional que lo identifica en la capital española con un merecido reconocimiento en el campo de la cirugía plástica y la paz y felicidad que consigue cuando se escapa a su país, conectándose con la exhuberante naturaleza de su entorno, lo mantienen en perfecto equilibrio. Es quizás por eso, que al concluir nuestra entrevista me confirma:  “Siempre pido a Dios me dé salud, y poder seguir dando a mis pacientes la calidad de servicios con la que yo me siento profundamente comprometido a ofrecer”.