Marcos Alegría, más allá de lo sagrado
y lo profano

Marcos Alegría, más allá de lo sagrado <BR>y lo profano

POR AMABLE LOPEZ MELENDEZ
Marcos Alegría (Dorado, Puerto Rico, 1954) es uno de los más virtuosos ejecutantes de la pintura actual puertorriqueña. Graduado de la Escuela de Artes Plásticas del ICP, donde tuvo como maestros a artistas de la talla de Ernest Roselle, Fran Cervoni (1913-2001) y Augusto Marín (1921), su obra pictórica y vitralista se encuentra en numerosas colecciones privadas e institucionales, tales como la Santa Catedral de San Juan y el Museo Casa Roig de Humacao.

También la Sinagoga Beth Shalom en Santurce, la Iglesia Mita en Hato Rey, la Casa Alcaldía del Municipio de Dorado, la Iglesia Metodista Unida de Ponce y la Casa Alcaldía del Municipio de San Juan, entre otras no menos importantes de su isla natal.

La sacralidad y sus enigmáticas contradicciones; las facetas oscuras de la esplendorosa dualidad cuerpo-alma; los misteriosos e inefables recintos de la imaginación; los viejos y nuevos ritos de la sexualidad, la violencia, el poder, la seducción y el deseo; las terribles fascinaciones de un instante deslumbrado, caótico, trágico y rigurosamente plasmado a través de una practica pictórica de espíritu lúdico e instinto abiertamente provocador que nos sitúa mas alla de lo sagrado y lo profano. Tales asuntos asaltan los pensamientos del espectador frente a las pinturas recientes de Marcos Alegría.

Una pintura de presencia imponente y extraordinario impacto expresivo resulta su “Celebración de la Cojoba” (2004), auténtica reacción simbólica de filiación neoexpresionista, materializada mediante una compleja trama cromática y compositiva que resplandece en la calidez y profundidad de sus contenidos formales y objetivos. La obra no admite la lectura cerrada ni la mirada contemplativa. Su demoledora densidad conceptual es tan efectiva y exigente como su alucinante virtualidad imagética. Unos 13 personajes, entre mujeres, hombres y espectros, establecen su perturbadora presencia en el flamígero espacio material de esta fictiva y admirable trama pictórica de Marcos Alegría. Las malas maneras con que los personajes “celebran” su irreverente corporeidad; la estremecedora carga erótica y psicológica en sus gestuales, rasgos y facciones; en su autoproclamación como seres y objetos del deseo, me hacen pensar no sólo en las evocaciones magicomitológicas que desata el propio título (la Cohoba era la sustancia vegetal alucinógena de uso ritual por los Behíques arawacos y taínos del Caribe), sino tambien en la soberbia taumaturgia del artista, cifrada en el hallazgo de una extracción metafórica especializada que celebra la plenitud de la existencia presente sin jamás extraviar el retroalimento del signo ancestral.

 Así se puede sostener que en esta magnífica obra pictórica, Marcos Alegría traspasa los límites del documento mitográfico para proponer una imagen reveladora de significados trascendentales. De ahí que la “Celebración de la Cojoba” resulte en un verdadero icono posmoderno en el que estallan maravillosamente contrastadas (y contrastantes) las nuevas tentativas o experiencias pecaminosas, del erotismo, la angustia, el miedo y la transgresión, como aspectos de la movilidad exterior e interior del ser, como manifestación de las interioridades del deseo, de la religiosidad ancestral y cotidiana del hombre y la mujer contemporáneos.

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