Marcos Jorge Moreno

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UBI RIVAS
El once de octubre de 2005 falleció a los 77 años el mayor general (r) EN Marcos Jorge Moreno y mi entrega a HOY del 17 de ese mes, perfilaba el decursar en la vida militar de un afecto de excepción como lo fue él para el suscrito por una treintena de años.

En su trayectoria en los cuarteles, que empezó en 1950 hasta su puesta en retiro por el presidente Antonio Guzmán luego de designarlo embajador en Italia, al general Jorge Moreno no se le conoció nunca un hecho reñido con la arbitrariedad o conectado con la sangre, rarísimo en las dos etapas que le tocó desempeñarse como militar, la Era de Trujillo y la Era Balaguer, signadas por precisamente la arbitrariedad y la sangre.

Visité por décadas su hogar primero en la calle La Cantera en los suburbios de la UASD, una callecita ciega, corta, silenciosa, que posibilitaba la conversación reposada y sustanciosa, porque Marcos Jorge era un hombre sustancioso, que sin ser intelectual ni brillar por su cultura, externaba juicios de valor muy sopesados referente al proceder en la vida, que manejó en sus escollos y retos como un diestro taurino, que es lo que siempre fue.

Visité luego a Marcos Jorge al mudarse de La Cantera a su residencia de La Anacaona. Tuvimos diferencias y encuentros, distanciamientos y hasta enfrentamientos, él, afirmando su gran temperamento, yo, insistiendo en mi autonomía de criterio, pero el afecto superó las diferencias y siempre volvimos a encontrarnos y reunirnos. Esa es la verdadera amistad.

Siempre le insistí en la conveniencia no pecuniaria, que sería un best-seller, de escribir sus memorias, sobre todo, como último edecán del generalísimo Rafael Leonidas Trujillo, el Jefe, su paso por la jefatura policial y del Ejército, dos veces ésta, como comandante de la poderosa Primera Brigada de Infantería del Ejército y del Comando de Apoyo, pero siempre me insistió que con ello, podría herir susceptibilidades de familiares y declinó.

Porque en su psiquis y alma de gigante, Marcos Jorge Moreno nunca permitió ni siquiera en un fugaz parpadeo, que la diatriba y lanzarle lodo a un semejante, le ganara el ánimo y la conciencia. Nunca.

Estos razonamientos y/o reflexiones vienen a cuanto a raíz de la publicación última del historiador y economista Bernardo Vega Boyrie, conformado por documentos del eminente historiador Emilio Rodríguez Demorizi, en los que inserta declaraciones del tétrico y vesánico coronel PN Dante Américo Minervino, que vincula a Marcos Jorge en el crimen de los héroes del 30 de Mayo, asesinados cobarde y salvajemente por el general Ramfis Trujillo en Hacienda María o Nigua el 18-11-61.

Marcos Jorge siempre me refirió, sin variar un ápice nunca en cada ocasión, que confirió el permiso, como jefe policial, mediante una solicitud del fiscal del DN que a la sazón era el doctor Teodoro Tejeda Díaz, para conducir hasta el Palacio de Justicia de Ciudad Nueva, a los detenidos, pero que de ahí en adelante, seguir con los presos hacia su patíbulo, resultó una orden secreta de Ramfis que le desconoció, porque no se le comunicó y Ramfis era, desde el 31-05-61 hasta ese fatídico 18-11-61, el sustituto de su progenitor y quien arbitraba todas las ejecutorias y/o decisiones políticas y militares.

Es lo que en cierta ocasión, hace una veintena de años, expuse en mi columna en el periódico El Nuevo Diario y que tanto Marcos como su esposa Adelina tanto reconocieron su valor expresándome unas gracias que no tenía que darla porque primero obedecían a la verdad y además envolvía un efecto invariable y un acto solidario insoslayable.

Reitero todos esos conceptos de la responsabilidad que tuvo Marcos Jorge en ese caso y el desconocimiento del final del mismo, cuando Dante Minervino, un desertor de la humanidad, atribuye a marcos Jorge hechos inadmisibles en su norma de proceder en un imposible intento de como las mujeres de vida alegre, desacreditar para nivelar reputaciones, algo inaceptable por aquello de que resulta fallido juzgar a otros conforme a su condición, y la de Marcos Jorge Moreno siempre será por encima de sus detractores y por sobre todas las maledicencias.

La exposición que sobre el particular delinearon sus hijos en Listín Diario del 30-10-06 y un  editorial de ese diario, resultan los más contundentes acertos sobre todo cuanto sustancia esta entrega a HOY.