Marguerite Duras: un dique literario

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La obra de Marguerite Duras se revela después del existencialismo y del corto movimiento del Nouveau Roman, con la distancia y los cuestionamientos de los años 70, cuando las artes y la literatura se manifiestan en sus aventuras individuales.

Marguerite Duras surca su obra literaria, con una singularidad soberbia y vehemente y una personalidad independiente, ajena a todas las camarillas literarias de la post guerra y de las modas de los cafés parisinos. Cargada de fuertes vivencias y dolores vencidos en la soledad, a Marguerite Duras, no le interesaban los acontecimientos mundanos, ni las competencias editoriales. Ser ella, era escribir, y escribir fue ser ella.

Ni bella, ni descendiente de la burguesía intelectual y pensante, ella se desarrolló a través de su escritura haciendo de cada una de sus obras un trazo de los momentos que le impactaron.

Cuando volvemos a la obra y vida de esta escritora fundamental de las letras francesas del siglo XX, tenemos de un lado su vida tal como la vivió y de otro lado, la vida que contó… “Amo mis libros, son los libros de mi vida” Y, esa vida vio la luz en la Indochina colonial francesa, entre Vietnam y Cambodia. Nació en Saigón, donde su padre era profesor de matemáticas y su madre maestra de primaria. Pero el álbum de familia se mantiene opaco. La madre viuda temprana, será un tema obsesivo en su obra, una madre sobre la cual confesó: “tuve la suerte extraña de tener una madre desesperada, de una desesperanza tan pura, que ni la felicidad de la vida, por muy grande que fuera, no lograba salvarla de la desesperanza”…

Marie Legrand, su madre, después de sus primeras nupcias con un francés de su pueblo, se embarca para Indochina, seis meses luego de sus bodas, sola ,abandonando a su esposo, y para formar un nuevo matrimonio con Henri Donnadieu, quien pertenecía a la comunidad de los blancos franceses de Saigón. Marguerite nace de la unión de dos viudos, es indiscutiblemente una niña del sureste asiático. En sus novelas, la evocación de Indochina es muy fiel, ella hizo de esta Asia, el lecho de su escritura, en la que evoca siempre los paisajes, los olores, los ruidos y las aguas de los ríos, sobre todo del Mekong, y del Océano Pacífico.

Es cierto que la crítica se dejó subyugar por el éxito impresionante de la novela “El Amante”, que es una obra relevante de la escritura “durasiana”, donde la memoria dicta siempre con semántica indirecta la fuerza de lo que una vez fue deseo, placer y nostalgia, en ese mundo perdido de Indochina. El Amante tuvo unas cifras de ventas de librería tales que molestaban e irritaban a la misma escritora, totalmente opuesta a las consecuencias del éxito, sobre todo, frente a toda actuación mundana que aborrecía.

“El amante” sorprendió la sociedad de las letras en París. Recordamos que al recibir el concurrido premio Goncourt, Marguerite Duras se mantenía alejada de los aplausos, callada y reservada frente al mundillo crítico, que se dejó primero seducir por las atmósferas sensuales y eróticas del libro, y por los encantos de una adolescente conducida por el deseo hacia el placer. El éxito se hizo película, que dirigida por Annaud, y ahí también, la escritora marcó su impronta, al estar desacuerdo en la adaptación cinematográfica, hasta señalar que el director no entendió nada de la novela y la redujo a una interpretación al límite de la pornografía. De todas formas, y fuese como fuese la adaptación, tenía que tener bronca, pues fue una prueba muy dura para Annaud, adaptar la obra de una escritora que tenía un sentido muy personal del arte cinematográfico y un gran talento en la escritura del guión y de la escenografía visual, que desarrolló con brillo en “Hiroshima mon amour”. Un diálogo de una fuerza universal, no solamente en el discurso amoroso y pasional, sino también con una belleza única en el compromiso contra las guerras y las amenazas nucleares. “Hiroshima mon amour” es un título que solo al pronunciarlo, evoca belleza, emoción y trascendencia sensual; pronunciarlo con el ritmo y la musicalidad de la lengua francesa, es una caricia…

Marguerite Duras, en toda su obra nos ofrece los ambientes y la respiración humana de la Asia donde nació y que tuvo que abandonar con dieciocho años, después de sus primeras vivencias amorosas con un hombre chino que la mantuvo siempre en su memoria con un amor ardiente, hasta la muerte, así como lo confiesa el chino de la novela, que regresa a París, cincuenta años después, para declararle ese amor eterno.

La novelística de Marguerite Duras se mueve en un viaje circular con la conciencia muy aguda entre los ambientes sensuales, en una sinfonía de cuerpos y paisajes asiáticos, y una realidad social dolorosa que se enfrenta a las sorpresas de los desastres naturales.

La escritora tiene el arte y la genialidad de comulgar con todos los antagonismos de una misma situación para revelar con la belleza de la lengua francesa y al ritmo de sus matices temporales en la utilización sublime del discurso directo e indirecto, marcando el recuerdo y la memoria con ese pasado que nos llega como un presente inmediato, creando una tensión visual en toda su escritura.

Es en la novela “El Dique contra el Pacífico”, que encontramos con fuerza y veracidad la realidad social y humana de esa Asia del dolor y de la colonización donde su madre tiene que enfrentar sola la crianza de sus tres hijos.

“El Dique contra el Pacífico”, es la novela de la madre, es la novela más reveladora de la Duras; un libro escrito con la conciencia y el compromiso, en un mundo colonial donde no todos los blancos eran millonarios ni altos funcionarios; una novela que nos revela las angustias de los colonos intentando ganar la tierra frente a las amenazas devastadoras de los tsunamis.

Es en esta novela que están todas las raíces del universo literario y humano de Marguerite Duras. En sus páginas encontramos la revelación más real de esa Asia del sureste, que forjó su temperamento y su escritura. Es “el Dique” la misma resistencia que empleó Marguerite frente a los acontecimientos dolorosos de su vida. Pensamos que frente a una escritora tan intensa vale la pena volver a su obra, con la novela recomendada “Un dique contra el Pacífico”. En ella volveremos a la matriz de toda su obra.

No quisiera concluir sin recomendar a nuestros lectores, que dirijo un montaje literario el martes 9 de abril, producido por la Alianza Francesa de Santo Domingo, en la Biblioteca Nacional , a las 7:30 de la tarde. El mismo se titula “Volver con Marguerite Duras”. La dirección artística e interpretación es de la actriz Judith Rodríguez, y el actor Rafael Morla. La dirección musical es de Iván Aybar.