María Montez Relevantes Aristas poco conocidas de su Vida

Desde los albores de su juventud en Barahona, su ciudad natal, en María se conjugaron en forma excepcional dos grandes vocaciones: su afición por la lectura y por el arte de escribir, y su gran deseo de llegar a ser actriz de cine. Inicialmente, sus inquietudes literarias quedaron plasmadas en la revista dominicana Páginas Banilejas, en la que fueron publicadas varias poesías de su autoría. Después de haber triunfado en el cine, María escribió tres libros y numerosas poesías, entre ellas Crepúsculo (“Twilight”), que había sido publicada en la revista literaria latinoamericana “BahoRueo”, que ganó el premio otorgado por la asociación “TheManuscripters”.

De igual modo, durante su carrera cinematográfica la Montez, entonces reconocida mundialmente como la Reina del Tecnicolor, escribió numerosos artículos periodísticos que fueron publicados en cuatro idiomas en diversos países. También escribió las canciones “Doliente” y “MidnightMemories”.

“Foreveris a Long Time”, “Hollywood Wolves I haveTamed” y “Reunion in Lillyth” son los títulos de los libros escritos por la actriz. El último de dichos libros no llegó a ser publicado. Es precisamente esa dualidad entre el glamour de la actriz y su vida espiritual e intelectual, lo que confirma que María África Gracia Vidal era una extraordinaria mujer.

Nuestra estrella de Hollywood de los años 40 creía, y lo repetía continuamente, en que “honrar honra”. Fue precisamente ese uno de los puntos clave del éxito de María Montez en sus excelentes relaciones interpersonales (fue considerada su mejor agente publicitario), “hay que tener la grandeza de espíritu para reconocer, sin mezquindad alguna, los evidentemente bien sustentados méritos ajenos” y como lo hacía y preconizaba, en todo momento, María Montez, contar con la buena voluntad para saber ser cabal y sinceramente agradecidos.

Pese a los rasgos muy sofisticados de su personalidad, que le atribuían los barahoneros de su generación, sin embargo, estos valoraban la gran sensibilidad espiritual y social de María. De hecho, cuando alguien de su familia o algún allegado a ella necesitaba alguna ayuda económica se lo hacían saber a través de su madre, doña Teresa, y siempre fue muy generosa en ese sentido.

Consonante con esa forma de proceder, cuando el que fuera su primer esposo William McFeeters se encontraba interno en un hospital de Panamá en los últimos años de su vida, María se comunicaba con él telefónicamente con cierta regularidad y le enviaba periódicamente un cheque. Asimismo, siempre recordó con agradecimiento todos los aportes de su primer esposo, que fueron determinantes para lograr los objetivos y metas de la exitosa carrera artística de la protagonista de “Las mil y una noches”, de “Alí Baba y los cuarenta ladrones” y de “El ladrón de Venecia”, entre otros famosos filmes realizados en los años 40 y 50 por la admirada estrella cinematográfica.

Desde el punto de vista religioso, los compueblanos de su época a los que tuvimos el privilegio de entrevistar en los trabajos de nuestra investigación, iniciada en 1976, recordaban siempre la fe que María le profesaba a San Antonio, a quien le atribuía varios determinantes logros en su persona y carrera artística. De hecho, a la entrada de su lujosa residencia en Beverly Hills, la Reina del Tecnicolor tenía una estatua de San Antonio, como puede confirmarse en una de las fotos que ilustra este artículo. En 1948, María solicitó y obtuvo una audiencia con Su Santidad, el Papa Pío XII.

En años recientes, analistas de la conducta humana aseguran que la Montez era poseedora de “locus de control interno”, es decir, “la percepción de la persona respecto a que los eventos ocurren básicamente como efecto de sus propias acciones, o sea, la seguridad de que ella misma controlaba su vida”. Asimismo, era una persona que confiaba plenamente en sí misma, en sus esfuerzos, su habilidad y su responsabilidad personal.

Es tomando en cuenta todo el espectro que reunía la personalidad y carisma de María Montez, aunados a su fascinante belleza física, que a la eximia actriz nacional se le considera una persona vital y sin par, digna de los mayores elogios.

Otros detalles al respecto se encuentran en la obra María Montez: Su Vida, de la autoría de quien suscribe (Edición Especial del Centenario), básicamente en los capítulos “En la ruta de una ilusión” y “El legado”.