Marrero Aristy en la lista negra de Trujillo

EDWIN DISLA
Posteriormente Ramón Marrero Aristy terminó el segundo tomo de su historia “República Dominicana: origen y destino del pueblo cristiano más antiguo de América”. Para entonces su  situación económica había mejorado bastante, igual que su suerte con las mujeres: tras divorciarse de su primera esposa, la romanense Gloria Seneau, con quien no procreó hijos, y de su segunda, la mulata sanjuanera, Fabiola Marcano, con quien procreó tres varones,  casó con la hermosa joven, blanca y educada, Belisa Mejía, con quien tendría una hembra y un varón. Doña Belisa, que sería la digna viuda Marrero, le criaría los hijos de Fabiola Marcano.

Apoyado en su nueva posición social, mejoró su forma de vestir y aumentó su inclinación a la buena comida, al baile, al alcohol, a las aventuras amorosas y a la repartición de dinero entre sus familiares, cambios en su comportamiento  que los realizaba bajo la mirada de los envidiosos palaciegos.

 En 1957 escribió un informe interno en el cual describió las penurias y la explotación de los campesinos cafetaleros que laboraban en uno de los monopolios económicos del tirano. De inmediato la prensa radial y escrita se hizo eco del informe y le lanzó un vendaval de fuertes críticas. El escritor por primera vez se vio en serios aprietos, y en una carta que le envió a Trujillo, le expresó que sus enemigos  gratuitos quieren verlo en la cárcel.

 El déspota, consciente de que Marrero Aristy era un buen colaborador, pero nunca un trujillista de corazón, le respondió: “¿De dónde infieres tú que puedes ir a la cárcel? ¿Acaso no eres un Secretario de Estado con la confianza del gobierno?” A pesar de esta aparente muestra de confianza, Trujillo lo inscribió en su lista negra.

Un año después, se desarrolló en Cuba la lucha final entre el ejército rebelde de Fidel Castro y el del dictador Fulgencio Batista. Como Marrero Aristy seguía siendo no sólo intermediario de la dictadura, sino también representante de la misma en los foros laborales internacionales y en las reuniones de la SIP, en uno de sus viajes a La Habana se dio cuenta del inminente triunfo de Fidel y lo que significaría para el continente, y al regresar al país lo comentó a voz en cuello en las tertulias que acostumbraba participar. Refiere el intelectual trujillista Ramón Font-Bernard en un artículo, que Marrero Aristy mencionó con evidente simpatía a los generales Juan Rodríguez y Miguel Ángel Ramírez, así como al profesor Juan Bosch.    Además de graves indiscreciones, el autor de Balsié les regalaba a sus amigos y relacionados, revistas y libros de circulación prohibida en el país, traídos de sus viajes del exterior. Trujillo, que tenía el servicio de inteligencia más eficaz de la región, gracias al cual sabía que Marrero Aristy en Cuba se reunía con los exiliados, seguro también sabía de todas sus graves indiscreciones  y desde ya pensaba eliminarlo.

El esperado triunfo de Fidel Castro se produjo en enero de 1959, y el panorama político, como esperaba Marrero Aristy, cambió por completo en América Latina: los dictadores empezaron a caer paulatinamente. Seis meses después de la entrada triunfal de Fidel en La Habana, partiendo de Cuba, arribaron al país los expedicionarios de Constanza, Maimón y Estero Hondo, y aunque Trujillo los venció con facilidad, los patriotas le causaron una derrota política tras la cual veíase la segura caída del tirano. Marrero Aristy, conocedor supremo de esta verdad, empezó a comentarla en las tertulias, y añadió lo que hasta ese momento no se había atrevido a plantear: como Trujillo está liquidado políticamente, se lanzaría a la búsqueda del poder para realizar una revolución pacífica, la cual sacara al pueblo del estado de indefinición social y económico en que se encuentra.. En ese instante su temeridad se tornó irreflexiva. Quizás por esta causa presentía su muerte. A su esposa se lo manifestaba a cada momento: “Creo que me van a asesinar”. Este presentimiento le impedía publicar el tercer y último tomo de su República Dominicana, Origen y Destino del Pueblo más Antiguo de América porque analizaba la obra de gobierno del jefe y temía herir su susceptibilidad. 

Mientras tanto, los envidiosos palaciegos, aprovechando la decrepitud de Trujillo y la crisis que le generó la expedición, le mintieron diciéndole que en uno de sus frecuentes viajes, Marrero Aristy pensaba desertar y unirse a los exiliados, quienes le habían propuesto postularlo para la presidencia.-Y apoyándose en la consabida indiscreción del escritor, lo acusaron de suministrarle información a Tad Szulc, periodista norteamericano visto por Marrero Aristy en Estados Unidos, que catalogó, en artículos publicados en The New York Times, de corrupta a la dictadura. La reacción de Trujillo fue la ansiada: decidió eliminarlo. La orden se la impartió a Johnny Abbes estando el Jefe de Estado acompañado en el Palacio de Gobierno del maniático asesino batistiano Policarpio Soler, quien como expresó Joaquín Balaguer en sus Memorias de un Cortesano (pág.258), en esa época acaparaba el tiempo que Trujillo dedicaba a despachar tras su escritorio. Primero el déspota citó a Marrero Aristy en su despacho para mortificarlo con su cinismo y simulación. Así, luego de comentarle las denuncias de los envidiosos palaciegos, y el escritor defenderse (en verdad, contrario a lo que dicen hoy muchos historiadores, él aún no había materializado una conspiración), lo despidió ratificándole su confianza. Marrero Aristy, un tanto aliviado, conversó con su esposa y le habló del encuentro con el jefe y de los puntos que aclararon. “Por suerte que ya todo está tranquilo”, creyó él.

Trujillo volvió a llamarlo en la tarde. Esta vez, con bramidos, insistiendo en las denuncias, lo acusó de contactar a los norteamericanos para sucederle en el poder. Marrero Aristy, nerviosísimo, sudando hasta más no poder, volvió a defenderse. Pero Trujillo lo interrumpía con sus bramidos, fulminándolo con su mirada de fuego. El escritor quiso buscar su pañuelo en el bolsillo del pantalón para secarse el sudor, hecho que confundió Policarpio Soler con un intento de sacar un arma, y en el acto lo mató de un disparo en la cabeza. Trujillo, tras comprobar la falsa creencia de Policarpio Soler, se incomodó, pues no era el escenario adecuado para asesinarlo. No obstante, con frialdad, ordenó que se deshicieran del cadáver. El carro de Marrero Aristy, conducido por su chofer, Juan Concepción, lo vieron salir del palacio yendo un volkswagen del SIM delante y otro detrás. Marrero Aristy parecía ir durmiendo en el sillón trasero. Johnny Abbes decidió lanzarlo dentro del carro por el precipicio de una carretera, simulando un accidente Los esbirros de él, para darle más verosimilitud al accidente en la carretera de Constanza, asesinaron al chofer Juan   Concepción, a quien dentro del carro también lanzarían al precipicio.