Martha Pérez – Vulnerabilidad electoral y observación previa

El proceso electoral que culminará el 16 de mayo próximo ha venido transitando un camino de dudas y suspicacias que mantiene a dominicanos y extranjeros con el ojo de la preocupación sobre el más mínimo detalle relacionado con dicho proceso.

Y es que la conflictiva conformación del órgano llamado a gestionar y gerenciar los venideros comicios ha originado una crisis de credibilidad que ha contribuido a que el entorno del presente proceso electoral todavía al día de hoy esté rodeado por un amplio manto de dudas.

Ese manto de dudas, que la observación nacional e internacional antes, durante y después de las elecciones, ayudaría a disipar, tiene sus fallas de origen; por un lado, el hecho de que el oficialista Partido Revolucionario Dominicano, en uso de su mayoría senatorial, designara unilateralmente la Junta Central Electoral, de modo tal que la mayoría de los magistrados que la integran responden abiertamente a los intereses de dicho partido, sobre todo, a la facción que ejerce la presidencia de la República, que es lo mismo decir, el PPH. Por otro lado, la reelección presidencial; así como la preocupación que despierta la actitud de jefes militares sobre aspectos de estos comicios. Estas fallas han ido dejando sus secuelas de dudas de un modo tal, que aún y cuando la JCE a esta fecha, quiere dar la impresión de que actúa y actuará de manera transparente, como lo manda la Ley, lo pide y espera la sociedad dominicana, hay aspectos, conductas y actitudes que demuestran lo contrario, viciando toda voluntad de buena fe, de confianza y credibilidad.

El propósito de cambiar la actual ley electoral a través de la introducción de la Ley de Lemas a escasos días de la celebración de las elecciones; el manejo de la revisión o no del padrón electoral; la reciente “filtración” del famoso informe, del que nadie sabía (o quiso saber) quién lo facilitó; lo relativo a la cantidad de boletas impresas; etcétera, etcétera…Todo ha contribuido a que hasta el día de hoy el comportamiento del tribunal de elecciones no haga los grandes esfuerzos que necesita hacer para sepultar la percepción de que están actuando de manera parcializada; de que no mienten; y de que quieren, necesitan y deben ganarse la confianza primero, de sí mismos, segundo, de la población votante y no votante; y de todos los partidos políticos. El tribunal de elecciones debe seguir encaminando esfuerzos en este sentido y hacer realidad la aspiración del señor Santiago Murray, asesor especial de la Unidad para la promoción de la Democracia de la OEA, de que las de mayo próximo sean las últimas elecciones que requieran la observación internacional. Hay muchas razones que hablan de la vulnerabilidad electoral, y gracias a que finalmente se ha acogido la necesidad de la observación previa insuficiente todavía en cantidad no se generaría mayor suspicacia en torno a este proceso, consecuencia de la actitud desvirtuada que ha exhibido el tribunal electoral, expuesto a diversos cuestionamientos, dando la impresión de que trabajan bajo presión externa o interna, como si se les fuera a “salir” de las manos la “tarea” que tienen entre éstas. Nadie más que ellos (los integrantes de dicho tribunal) son los responsables de la opinión negativa que han creado sobre, y de sí. Esa misma responsabilidad de la descreibilidad en su favor, debiera llevarles a producir todo lo contrario. Para eso están a tiempo, siempre y cuando sientan en su íntima convicción la voluntad.

¿Por qué hablamos de vulnerabilidad; y contra ésta de la observación internacional previa? Porque entre los acontecimientos antes citados, entre otros, hay puntos claves de la vulnerabilidad que son los que han ido debilitando la credibilidad. Por ejemplo, el Padrón Electoral que es corazón y pulmón de las elecciones; había que minimizar al máximo a través de expertos nacionales e internacionales que puedan verificar y certificar las correcciones a vulnerabilidades como dislocamiento y exclusiones de electores fallecidos, personas sin fotos, errores de datos, militares, doble inscripciones, etc. Otro ejemplo de vulnerabilidad, es la composición misma de la JCE a nivel de jueces y de funcionarios; y la necesidad de vigilar permanentemente el trabajo de estos, su experiencia en organización de elecciones presidenciales; a nivel técnico, los mecanismos de control, la tecnología, el control energético en lo particular y en lo general; las estructuras internas y modalidad de trabajo implementada; etc. Pero también hay otros tipos de vulnerabilidad tan dañinos como los anteriores; como es el triunfalismo y sus efectos negativos en los planes y desarrollo de la campaña electoral de los candidatos y partidos políticos.

Aceptar que los gestores del proceso electoral no son confiables; y que los mismos gestores permitan que la existencia de esa desconfianza, estamos hablando de un proceso muy vulnerable, para el que se necesitaría un seguimiento contínuo y detallado de cada paso comprendido en el cronograma organizativo con el cual trabaja la Junta Central Electoral para las elecciones del 16 de mayo; lo cual, independientemente de desconfianza o no, de credibilidad o no, de observadores o no, de Ley de Lemas o no, de reelección o no, de actitud de jefes militares o no; había que darle seguimiento al trabajo de la organización electoral mediante los canales legales de los partidos políticos; así como involucrar desde el principio la observación internacional en dicha labor. Aún estamos a tiempo para reiteramos sepultar la duda. Y debe lograrse con unas elecciones diáfanas y transparentes; posibilitando una plataforma de continuidad, con una observación electoral que vaya desde la presente etapa hasta cuando se cuente el último voto emitido.. La observación preelectoral, con criterio preventivo es una necesidad vital en la actual coyuntura política de la República Dominicana.