Más allá de besar envejecientes y comer fritura

Millizen U

La simbología relacionada con el poder es inmensa y la política, en tanto ciencia del poder, siempre ha recurrido al uso de símbolos.

En República Dominicana, la mayoría de los dirigentes políticos reproducen la simbología de la clase dominante, fenómeno que Gramsci llamó hegemonía cultural. Pero, cuando se acercan los períodos electorales asumen, de manera oportunista, códigos de la clase popular.

Es así como en el marco de las campañas es normal ver a los candidatos darse “un baño de pueblo” y salir a besar envejecientes y cargar niños. Esto lo hacen independientemente de que sus partidos y ellos mismos gobiernen un cuatrienio tomando decisiones en contra de esas señoras y esos infantes.

Uno de los elementos claves para lograr vender estas imágenes ha sido el avance del marketing político, esa combinación de técnicas de comunicación, publicidad y relaciones públicas que está dirigida a conseguir adhesiones para personas y programas políticos, potenciado con las redes sociales y medios digitales que permiten comunicar y hacer el mensaje masivo de una manera más rápida.

Empero, la República Dominicana no necesita dirigentes políticos que en el marco de los períodos electorales se den un baño de pueblo. El país necesita dirigentes políticos que todo el tiempo, en el poder o en la oposición, actúen a favor del pueblo, y, por ende, sean parte genuina de él. Tampoco es necesario que se igualen a la gente en las precariedades, menos de manera momentánea y tan efímera como puede ser una campaña. Sí urge que entiendan que este pueblo merece una vida digna.

Más que baños de pueblo, lo que se espera es que el pueblo sea el centro de las políticas públicas. ¿Quieren ser simpáticos con la población? Gobiernen a favor de ella en temas como la modificación al Código Laboral, el Pacto Eléctrico, el manejo del precio de los combustibles y las administradoras de los fondos de pensiones y los riesgos de salud. Hagan políticas públicas a favor de la mayoría, no de los compañeros de partidos o de grupos empresariales nacionales y extranjeros, en salud, educación, vivienda, justicia, medio ambiente, violencia y servicios como energía eléctrica, transporte y seguridad ciudadana.

En las sociedades del espectáculo, descritas por Guy Debord, como lo es la dominicana, en vez de la esencia, reina la apariencia. Es necesario que en este país el pueblo deje de ser una categoría vacía, una mera representación o una figura que los dirigentes políticos manejen sólo a su antojo y conveniencia. Aquí hace falta mucho más que comer fritura o tocar tambora. Aquí hay una república pendiente.