Más allá del miedo, una
dura y triste realidad

MARIEN ARISTY CAPITAN
m.capitan@hoy.com.do 
No puedes dejar que el miedo te paralice, comentaba mi tío en una fresca tarde de otoño mientras descubríamos nuevos caminos en  las cercanías de la casa de mi abuela.

Aunque hoy no queda nada de los avatares que tendría que enfrentar por aquellos días, la frase de tío Nacho aún resuena en mi cabeza cada vez que debo enfrentar uno de los peores enemigos que he conocido: la duda.

Fue así como decidí que era hora de enfrentarme al Seguro Familiar de Salud y, dejando de lado los seis meses de atraso que traía conmigo, fui al médico a hacerme el tan fastidioso chequeo de rutina. Nada más llegar, y por suerte andaba preparada para enfrentar cualquier eventualidad, supe que tenía que pagar RD$1,500 de consulta. ¡Adiós a los RD$200 de la diferencia, que el seguro ya no lo aceptan en el consultorio de mi médico!

Minutos más tarde, una vez fuera de la consulta, tocó el turno de los exámenes: mil pesos más, que tuve que pagar mientras maldecía para mis adentros al confirmar cómo me veía afectada por todo el rollo ese del sistema contributivo y la magnífica cuota solidaria. Si bien es cierto que me encanta saber que al pagar más por el seguro médico que tengo estoy beneficiando a los que no lo tienen, es muy duro comprobar que para mí eso es lo mismo que entregarlo todo a cambio de nada.

Es entonces cuando te dicen que si tuvieras un plan complementario eso no te pasaría. Bien, perfecto, entonces pagaré el doble para tener lo mismo que antes me costaba la mitad. Me encanta este nuevo seguro. Sí. Es, sencillamente, fenomenal.