Más complejo de lo que parece

Atribuir la carestía de los alimentos únicamente a la demanda de materia prima de la industria de biocombustibles, sería pretender simplificar este complejo problema global. Las alzas del mismo petróleo que se pretende sustituir es lo que ha ido encareciendo insumos, materiales y servicios asociados a la producción de alimentos, incluyendo, por supuesto, cereales y granos como maíz, trigo, soya y sorgo.

En algún tramo de esta crisis alimentaria en ciernes, habrá que pensar en buscar sustitutos para  insumos y materiales derivados del petróleo que intervienen en la producción de alimentos, y esto, sin duda, hará más complejo un problema que muchos simplifican al rango simple de la combustión.

Para tener una idea de la complejidad de este problema, bastaría analizar la decisión de Vietnam, uno de los más eficientes productores y exportadores de arroz, de restringir sus ventas de este cereal al exterior para garantizar precios internos asequibles a la población. Hay un sacrificio importante en  ingresos en divisa fuerte, pero la seguridad alimentaria garantiza el orden y la tranquilidad que otras naciones han ido perdiendo por la carestía de los alimentos. Empecemos a  tratar este asunto desde la óptica de su complejidad real y  adoptemos medidas para atenuar los altos costos de la producción de alimentos y sus precios al consumidor.

 

Movimientos extemporáneos

Para esta semana hay anunciadas variadas protestas. El Colegio Médico Dominicano tiene programado un nuevo paro, la Asociación Dominicana de Profesores una marcha y las empresas de transporte CONATRA y CNTU amenazan con paralizar el tránsito, tomar las calles, aumentar los precios de los pasajes y otras acciones del mismo corte perturbador. No parece que la vocación por el diálogo y la concertación haya prendido entre estas organizaciones de nuestra sociedad.

En medio de una campaña política que ha dejado mucho que desear por la virulencia del lenguaje, a un mes de las elecciones presidenciales y con los ánimos en ebullición por el proselitismo, atizar huelgas, toma de las vías públicas y marchas puede ser una fórmula contraproducente. Lo más prudente sería que estas acciones contestatarias fuesen aplazadas o, mejor aún, reemplazadas por un diálogo franco que permita armonizar intereses.