Más, no menos, subsidios

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Ante las dificultades económicas que enfrenta el país, se escuchan voces gubernamentales y no gubernamentales que claman porque se reduzcan o eliminen los subsidios públicos a la población.

Ciertamente, el gobierno no tiene recursos para aumentar continuamente los subsidios. Pero hay una gran diferencia entre reconocer el problema y promover como algo positivo que se reduzcan o eliminen los subsidios.

En toda economía hay distintos tipos de subsidios. Unos van directamente al sector empresarial, ya sea mediante la colocación de recursos públicos para beneficiar un sector o mediante incentivos fiscales. Otros favorecen también al sector empresarial, pero producen un beneficio directo a la gente, como es el caso del subsidio eléctrico dominicano.

Otros subsidios se dirigen directamente a la población. En esta categoría hay dos modalidades. Pueden beneficiar un segmento poblacional específico (los llamados subsidios focalizados), como es el caso de la tarjeta solidaridad; o a toda la población (subsidios universales o generalizados), como sucede ahora con algunos alimentos.

Uno de los factores que diferencia las sociedades capitalistas desarrolladas es el tipo de subsidio directo que recibe la población. En las más igualitarias, como los países escandinavos, prevalecen los subsidios universales. En las menos igualitarias, como Estados Unidos, prevalecen los subsidios focalizados.

Esto significa, por ejemplo, que los servicios públicos de educación y salud son de mejor calidad en Escandinavia porque están destinados a todas las clases sociales, mientras en Estados Unidos los más pudientes acuden a los servicios de educación y salud privada.

El principio socio-económico que regula estos sistemas de subsidios es distinto. En las sociedades con subsidios generalizados se estima que el Estado es responsable de ofrecer acceso adecuado a los servicios básicos a toda la población. Para costearlos, el gobierno establece tasas impositivas altas y progresivas. Los que tienen más, pagan más.

En las sociedades desarrolladas con subsidios focalizados, predomina la idea de que la población debe comprar en el mercado los servicios que necesita, mientras el Estado ofrece subsidios a los más necesitados.

En los países subdesarrollados sucede que la cantidad de personas que cae en la categoría de necesitadas es muy grande. De hecho, las estadísticas demuestran que la mayoría de la población vive por debajo, o ligeramente por encima, de la línea de pobreza. Por eso el Estado debería ofrecer diversos subsidios a casi toda la población. De hecho, es muy difícil en la práctica focalizarlos.

Pero como los gobiernos tienen generalmente una alta deuda externa por pagar, los organismos internacionales promueven la idea de que los subsidios deben focalizarse; o mejor dicho, hiper-focalizarse. El resultado es que el Estado deja a la intemperie a casi toda la población necesitada. Esta estrategia beneficia fundamentalmente al capital nacional e internacional, y al Estado clientelista.

Al nacional porque le permite seguir evadiendo impuestos sin enfrentar una fuerte presión fiscal para la redistribución de riqueza mediante una mejoría de los servicios públicos. Al internacional, porque los países pobres siguen destinando cuantiosos recursos al pago de la deuda externa, a expensas del bienestar de la gente. Al Estado clientelista, porque no tiene que hacer un esfuerzo para mejorar su funcionamiento.

Actualmente, la situación económica de los países subdesarrollados no productores de petróleo ha empeorado considerablemente.

La República Dominicana es un ejemplo. El Estado recurre con frecuencia al aumento de impuestos para financiar el presupuesto nacional, lo que empobrece más a la gente. A la vez, el alza de precios de productos vitales como los combustibles y alimentos, lleva al gobierno a subsidiarlos para mantener activo el consumo y evitar grandes conflictos sociales.

Como el gobierno es ineficiente, no hay una planificación adecuada de la oferta de servicios y subsidios. Además, se desperdician muchos recursos en corrupción y clientelismo. En vez de reducir y focalizar los subsidios, el país necesita más y mejores subsidios. Para lograrlo, el gobierno debe aumentar la eficiencia recaudatoria y la eficacia redistributiva.