Más promesas y realidades tangibles

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En un cautivante mensaje de toma de posesión, el presidente reelecto Danilo Medina diseñó lo que sería su plan de gobierno para los próximos cuatro años y quizás más allá. Hay grandes compromisos políticos que no podrán cumplirse para satisfacer la hambruna de sus nuevos aliados perredeístas. Ellos se creen que recibirán parte del gobierno, pero que los peledeístas, por su entrenamiento, cultura y tradición ni lo prestan, ni lo comparten y ni dicen dónde buscarlo.
Escuchamos lo que es tradicional en las tomas de posesión de los presidentes de los pasados 50 años. Incluyendo los reelectos que siempre hacen su mea culpa de lo que faltó por hacer. Para el nuevo período prometen que cumplirán y harán realidades sus promesas anteriores.
En este nuevo período, el presidente reelecto asegura que cumplirá con sus promesas, y con ese acto de fe, le promete al país con su palabra y acciones echar para adelante las nuevas promesas fallidas y las que se quedaron a medio talle o no se iniciaron. Además añadirá nuevos proyectos para el desarrollo y beneficios de todos los sectores sociales nacionales.
Ahora se promete concluir nuevos proyectos principalmente la construcción de grandes obras para beneficio general. A la vez que completará las que se iniciaron y en proceso de ejecución como son los centros de salud en proceso de renovación. Estas marchan con atraso por la poca fluidez de los recursos presupuestarios para agonía de los contratistas. Estos se vieron precisados a paralizar las obras en la espera del pago de las cubicaciones pendientes.
El atraso en la renovación de los hospitales con plantas físicas de más de 40 años de existencia ocasiona severos inconvenientes a la población para proveer la salud a todos los niveles sociales, en especial los más pobres y a los haitianos.
El arrastre de tantas realizaciones del período anterior gravitarán en las posibles realizaciones de este nuevo período. Este se encuentra presionado por los compromisos políticos para darle participación a sus aliados explosivos como son los perredeístas. Estos se creen que todavía son mayoritarios en las masas y exigirán más de lo debido, pese a que han sido categorizados como mayoritarios con tan solo un 5% de la votaciones generales del 15 de mayo pasado.
El panorama dibujado el pasado martes 16 es prometedor, siempre y cuando tantos compromisos le permitan al presidente navegar sin turbulencias en sus cuatro años. Es difícil por la desesperación y aspiraciones desmedidas de los aliados. Además los grupos opositores gastarán toda su artillería inicial, ya que no es mucha, para incidentar lo más posible los planes y trabajos gubernamentales. De seguro que estaremos en el vórtice de acusaciones, protestas, huelgas y aspiraciones no atendidas que podrían reflejarse en la economía y desarrollo nacional.
Por muchos años durante las administraciones peledeístas la marcha del desarrollo del país y su economía ha sido excepcionales y con índices de crecimiento que casi siempre superaron el 5%, con excepción del 2008. Todo ha sido un andar estable pese al abismo que existe entre los sectores más débiles de la sociedad con una pobreza abismal que hasta compite con la de Haití, que es la mayor del hemisferio.
Con La Nueva Barquita se inició un proceso de enfrentar esa abismal diferencia de pobreza y opulencia. Y los propósitos presidenciales para estos próximos cuatro años es atacar de lleno esas desigualdades. Pero que se agigantan porque, a nombre de ser padres de familias, afectan los terrenos estatales y hasta los privados en las orillas de los ríos. Ellos se manifiestan en las calles y perturban la buena marcha de las poblaciones a la espera del paternalismo oficial siempre muy generoso para acallar ruidos o preparar proyectos de continuidad.
Indudablemente los pasados cuatro años del ejercicio de Medina fueron positivos. No se le creía que tenía tanta capacidad de organización y gerencial. Sorprendió gratamente al país con sus visitas sorpresas, su empeño en acabar con el analfabetismo, consolidar la economía con una moneda estable y grandes reservas. También mejorar el servicio exterior, darle tranquilidad a la población capitaleña con el 911, un nuevo Boca de Cachón, La Nueva Barquita y carreteras excelentes por todo el país. Así mismo la siembra de planteles escolares con la adjudicación por sorteo de las mismas a los ingenieros sin las grandes acusaciones de corrupción que imperaba en los antiguos métodos.