Más sobre el Estado tacaño

El servidor público ha carecido de oportunidades para capacitarse adecuadamente, lo que ha sumido al Estado en un ente ineficiente, rezagado.

Se ha creído, erróneamente, que colocando una computadora en un escritorio tendremos mejores empleados en las dependencias.

El empleado estatal necesita de incentivos permanentes, renovar sus conocimientos, potenciar sus habilidades, administrar mejor sus destrezas.

Durante largos años visité oficinas públicas en gestiones de documentación burocrática. Prefería hacerlo, para evitar los errores que son comunes en personas de limitados conocimientos. Aún así, tenía que enmendar.

Con una remuneración baja y pocos estímulos, el empleado público muchas veces trabaja a desgano.

Las cosas han cambiado porque las agencias impositivas han delegado en el sector privado – especialmente bancos y asociaciones de ahorros – gestiones de cobro, pero hubo una época en que era un martirio tributar al Estado.

Mientras no se entienda que a la administración estatal le urge contar con un personal plenamente capacitado, muy poco se logrará en materia de eficiencia en todos los órdenes.

Estoy convencido de que el país cuenta con técnicos y profesionales capaces, que pueden servir de canal para adiestrar una burocracia que no debe continuar estancada, distante de las normas y procedimientos gerenciales modernos, de innovaciones tecnológicas y destreza para tratar con los clientes, que somos todos los contribuyentes.

En la ONAPI y en la Dirección de Impuestos Internos tenemos buenos ejemplos de eficiencia.