Más vale no ser simpáticos

Cuando llegó al supermercado pensó que sería una jornada de rutina. ¿Quién puede imaginar que comprar unas cuantas cosas puede ser una experiencia macondiana?Al principio todo fue rutinario. Al llegar al carro, sin embargo, recordó que había olvidado un  par de cosas. Entonces se devolvió, fue a buscar un carrito y, literalmente, la bruma se apoderó de su memoria.

Ella no sabe qué ni cómo sucedió. Lo que sí tiene claro es que entró con dos tipos -fornidos y de color- y se paseó media hora por el supermercado hablando con ellos.

Parecían amigos cercanos, tal como comprobó al ver los vídeos de seguridad del Bravo, a pesar de que jamás en su vida los había visto. Tras conversar con ellos, e insistirle que no llevaba el dinero (hasta les enseñó la cartera y les explicó que compraba como lo hace todo el mundo: endeudándose con la tarjeta de crédito) terminó entregándoles dos anillos. Uno era el de compromiso; el otro, de casada. Un rato después, tras negarse a ir con ellos hasta su carro, ella se dio cuenta de que no tenía los anillos. Fue entonces, tras hacer un esfuerzo, que empezó a recordar vagamente lo sucedido. Incrédula, reportó el caso en el supermercado y fue entonces cuando le enseñaron las cámaras. Posteriormente, le comentaron que en otro supermercado de la Churchill  había pasado lo mismo.

 Al leer esto, es probable que usted piense que se trata de una de esas cadenas que envían por mail. Yo hubiera creído lo mismo de no saber que le pasó a mi hermana. Por tanto, y para evitar disgustos, no hable con extraños ni tome ningún papel. Ya no podemos ser simpáticos.