Matrimonio gay: ¿una imposición?

En la poderosa Rusia rige desde hace tres años una ley, aprobada a unanimidad por la Duma del Estado, la Cámara Baja del Parlamento y el Presidente Vladimir Putin, que estigmatiza las prácticas homosexuales y lésbicas, prohíbe informar a la niñez acerca de la homosexualidad, impide las marchas de los GLBT, impone multas a los individuos y empresas violadores de esa legislación, prevé cárcel y deportación para los transgresores extranjeros y veda la adopción de niños rusos a los matrimonios del mismo sexo.
Según las autoridades, la legislación contra la denominada “propaganda de las relaciones sexuales no tradicionales”, forma parte del esfuerzo conjunto por promover los valores rusos en lugar del liberalismo occidental, que el Kremlin y la Iglesia Ortodoxa definen como corruptor de la juventud. Las elites religiosa y política han acusado a las lesbianas, gays, bisexuales y transgénicos de disminuir la ya baja tasa de nacimientos en Rusia, considerando, incluso, que deben ser barridos de los empleos públicos, forzados a recibir tratamiento médico o enviados al exilio.
Dudo que Barack Obama, presidente de la superpotencia Estados Unidos, u otro mandatario, intente designar una pareja matrimonial del mismo sexo al frente de la embajada estadounidense en Moscú, sin que esto sea denunciado como un inaceptable atentado contra los valores y tradiciones rusas.
Pero, so pretexto de la igualdad de género, Washington pretende imponer el matrimonio gay en la República Dominicana, una nación a la cual consideran sin legislación, valores culturales y tradición religiosa respetables; su principal socio comercial caribeño, al que suelen acusar frecuentemente de violentar los derechos humanos; susceptible al chantaje anti haitiano y al que Freedom House ha incluido entre las democracias restringidas.
El matrimonio gay es una causa que explica el odio islámico hacia la penetración cultural de Occidente.