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Carmen Imbert Brugal

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POR ÁNGELA PEÑA
Polifacética, prolífica, creadora de una obra preeminente  que enriquece y distingue la bibliografía nacional, Carmen Imbert Brugal ha trascendido las fronteras del país por sus libros novedosos, reveladores, impresionantes, que han atraído la atención de críticos literarios y escritores del mundo.

Su nombre y el de los ejemplares que ha publicado están incorporados a un considerable número de instituciones internacionales que demandan cada ejemplar por ser valioso material de estudio para conocer y estudiar situaciones sociales, políticas, culturales, económicas, familiares de esta sociedad que describen los personajes inolvidables de sus novelas, o las investigaciones profundas contenidas en sus ensayos.

Antes que Carmen  removiera el apasionado mundillo intelectual del patio con su «Distinguida señora»,  ya había publicado «Palabras de otros tiempos y de siempre», poesía, y a la controversial novela que ha llenado tantas antologías, diccionarios, enciclopedias, libros de textos, páginas  web, siguió un volumen que es cuento, «Infidencias».

La incansable abogada puertoplateña que después de cursar la carrera de Derecho en la UNPHU se especializó en París y en la Escuela de la Magistratura de la Universidad Complutense de Madrid, no refleja en su temperamento sencillo su elevada preparación, su incesante estudio, el significativo aporte que ha hecho a las letras nacionales con sus libros, tal vez más demandados en bibliotecas y universidades foráneas que en su tierra. Comentaba un reconocido distribuidor de publicaciones el interés que despierta en esas instituciones la producción bibliográfica local. Entre su lista de encargos, estaba la creación de Carmen, inscrita dentro de ese interés por lo nativo.

Sus ensayos en torno a la prostitución y el tráfico de mujeres son tan buscados como «Volver al frío», el extraordinario ejemplar que denuncia el abuso infantil, el anhelado emigrar a los países, la aspiración de trepar socialmente a cualquier precio y sin el menor recato, la nostalgia por el regreso a la Patria o el afán detectivesco por descubrir pasados inconfesados. Fue apadrinado nada menos que por Editorial Norma. Sacó a Carmen Imbert de los límites de la República, llevándola a formar parte del boom universal. Ninguno de estos triunfos la obnubila. Siegue siendo sencilla y eminentemente cálida en sus afectos.

A su inagotable devoción por la escritura (ahora  prepara «Cosas de Daniel»), la Imbert agrega su trabajo en el «Matutino Alternativo», de los pocos programas radiales de la mañana que se puede escuchar, y que la obliga a madrugar aunque se acuesta tarde participando en otro nocturno de televisión y aun le queda tiempo para sus caminatas vespertinas por Naco y el cumplimiento social o cultural con algunos amigos.

Pero es su trabajo de escritora el que más la proyecta. Ya es conocida en los capítulos de escritoras femeninas, en los de autores contemporáneos, en las columnas y suplementos de los diarios, elogiada por intelectuales sobresalientes y exigentes.

Ha incursionado con indiscutible talento en los medios de comunicación. Su inteligencia, cultura, capacidad de análisis, actualización son tan indiscutibles como su integridad, aunque mantener principios en una sociedad donde impera la corrupción la supongan apasionada, intransigente.        Carmen Imbert es distinguida entre casi todas las señoras precisamente por esa postura que todos conocieron cuando  fue ayudante del fiscal del Distrito Nacional  y jueza de instrucción. Siendo dueña de un espacio tan escuchado, ofertas de compra y venta no le habrán faltado. Pero,  aunque prácticamente solitaria, es una de las pocas reservas de integridad con que cuenta el apetecible ejercicio periodístico.

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