MEDIA NARANJA
¡Qué confusión!

ÁNGELA PEÑA
A.pena@hoy.com.do
Cada cual es dueño de su estilo y si los genios del mercadeo han aconsejado a comentaristas de radio que vocear vende, deben estar acumulando millonadas. Algunos juegan al que tenga mayor capacidad de volumen para aplastar al otro con su galillo estrepitoso.

¡Cállese, usted no es más que un lambón!, dicen al oyente o al compañero de cabina. ¡Si usted tiene pantalones venga aquí a decir eso, charlatán, impostor, cobarde!  ¡Usted no se llama así! ¡Mentira, embuste suyo, usted no estaba ahí!

Las voces de los  conductores se suben, nadie impone moderación, serenidad, orden. Todos hablan a la vez como si quisieran arrebatarse  turnos, dominar con su criterio, adelantarse en la agresión verbal.

 Se faltan el respeto entre ellos con acusaciones vergonzosas. Si se transmitieran por televisión, se verían manotazos y salivazos. Al menos, eso percibe el oyente.

 Se atropella el sonido y entre tanta gente queriendo robarse el show, el oyente se queda en babia, porque no logra distinguir declaración alguna.

 Para estudiar un caso, delatar una falta, revelar un hecho censurable, no es necesario gritar. Todo se puede exponer serenamente. ¿O es que esa garata es el  estilo que algunos pretenden imponer? Los otorrino deben estar de pláceme con tantos tímpanos rotos, aunque los psicólogos también porque esa algazara es desesperante, crea ansiedad, tensión.

 Los buenos modales se extinguen.. No hay autoridad de parte de los padres para pedir a los hijos que hablen bajito.