MEDIA NARANJA
Renovación en febrero

ÁNGELA PEÑA
a.pena@hoy.com.do 
Es inolvidable el júbilo que embargaba a don Julio y su familia cuando se acercaba febrero: Renovación cumplía años el día 2 y ellos lo celebraban en una fiesta íntima, pero emocionante.

El periodista y combatiente antitrujillista  decía unas palabras a las que seguía el brindis.  El valiente y valioso órgano informativo era esperado con avidez por el pueblo, con pánico por políticos y funcionarios y con preocupación por doña Olga,  esposa de don Julio, que temía alguna represalia. Intimidaciones no faltaron.

 Julio César Martínez tenía colaboradores ultraderechistas  y de la extrema izquierda en esa publicación quincenal que decía lo que la prensa diaria no se atrevía, sobre todo en el balaguerato. Pero si Renovación, fundada en La Vega en 1937, fue clausurada por denunciar crímenes de la dictadura, imaginen el contenido en la supuesta democracia. En 1945, ya en la capital, uno de sus periodistas, Van Elder Espinal, fue asesinado. Don Julio se asiló y partió al exilio. Retornó tras el tiranicidio y  volvió a editarla, pero lo deportaron en 1963 por el Golpe de Estado contra Bosch. Reapareció en 1966 y sólo la muerte detuvo ya sus ímpetus.

 Esas páginas revelaron interioridades de asesinatos como los de Orlando Martínez, Nelson Lazala, Ruth Peña Nina, denunciaron corrupción, fraudes, trajeron entrevistas a Wessin,  Fidel Castro,  secretos del trujillismo, del exterminio de los Trinitarios y las vibrantes secciones “runrún”, “Proa”, “Lo que se dice y lo que se calla”, entre otras.  Es una pena que las colecciones del Archivo General de la Nación estén incompletas. Ese fue el legado de don Julio a la historia y el periodismo recientes. Hoy sólo es posible recordarlo por esa inolvidable Renovación que no pertenecía “a ninguna roca ni peña, ni halagaba la vanidad humana”.