Medicamentos esenciales

Nadie sabe cuánta gente se muere en el país por la ambición desmedida de importadores, fabricantes y vendedores de medicinas patentizadas. Ello así, porque un mes y otro después los precios de las medicinas aumentan de manera constante y normalmente abusivos.
Nadie puede poner en duda que un medicamento esencial es el imprescindible para crear el equilibrio del cuerpo humano carente de uno u otro componente, vitamina u elemento requerido para mantener la salud de una persona.
Como usuario de medicamentos bebidos de uso permanentes, debido a mi corta edad, (me quedan menos años de vida que los vividos, de ahí mi corta edad) recuerdo cómo abogué en programas de radio, por el uso y venta de medicinas genéricas, de producción libre luego del término de la patente de descubrimiento y fabricación.
Esa campaña dio frutos cuando el gobierno de Salvador Jorge Blanco, 1982-1986, creó bajo la dirección del doctor Amiro Pérez Mera el Programa de Medicamentos Esenciales (PROMESE) que le restableció el valor al centavo, puesto que ese era el costo de medicinas de las de uso común para combatir males menores.
Pero los fármacos esenciales son los que necesitamos a precios que nos permitan mejorar la condición de vida y equilibrar la presión arterial, la diabetes, padecimientos del corazón, falta de distintas vitaminas. En fin, aquellos cuya ingesta permite, repito, equilibrar la salud, devolver el vigor, el ánimo, el deseo de vivir.
Tengo por costumbre anotar en el envase de los distintos medicamentos que consumo a diario, el precio unitario de los mismos, a fin de tener la información sobre cómo aumentan constantemente el costo de los mismos.
Cuando reclamo a la farmacia donde compro, la respuesta es siempre la misma: es que el laboratorio subió el precio de la medicina.
Y entre un mes y otro hay una significativa diferencia entre el costo de este mes y el del mes siguiente. Si uno tiene la curiosidad de anotar los precios, se percata de asuntos como el que les refiero a seguidas: el mes diciembre compré una caja de Redoxon, una vitamina C de muy buena fama y me costó 576 pesos menos el 10 por ciento y quedó en 524 pesos.
Cuando procuro este mes la reposición de la caja del medicamento me dicen, tranquilamente, que el precio, menos el 10 por ciento, es de 570 pesos.
En una palabra, entre un mes y otro le aumentaron 65 pesos a la misma cantidad de la vitamina C.
A la velocidad que aumentan los medicamentos, cada día habrá menos dominicanos con capacidad para adquirirlos, que ya son muchos. La avaricia es de los laboratorios e importadores o abusos de los dueños de farmacias. Por eso es que venden fármacos falsificados… y hay quienes los compran.