Melón Lewis, feliz al asalto de los Grammy y con su “Water’s memories”

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Madrid.  De camarero en un bar para “divorciadas cariñosas” a optar a dos Grammy latinos van dos décadas, principios y tesón, los que ha tenido el pianista Iván Melón Lewis, feliz no solo por el éxito que está teniendo su disco “Ayer y hoy” sino del que acaba de grabar con música de Archi Alpízar, “Water’s memories”.

“Estoy tremendamente encantado. Es algo increíble”, asegura Lewis (Pinar del Río, Cuba, 1974), que opta al Grammy a mejor álbum latin-jazz pero también al de mejor artista novel, una categoría que es designada directamente por la Academia Latina de la Grabación y en la que compite con otros nueve intérpretes.

Por eso, dice el cubano, está “convencido” de que ese premio no lo ganará y el otro, el de mejor álbum, “está también pero que bien difícil, porque aunque son otros cuatro candidatos, uno de ellos es nada menos que el gran Paquito D’Rivera”.

Con todo, está “muy, muy satisfecho” porque el disco con el que se presenta, “Ayer y hoy”, se grabó en un sello muy pequeño, el de Javier Monteverde, “y eso quiere decir que alguien lo escuchó y le gustó a pesar de no estar defendido por una gran discográfica”.

Ese sentimiento, el de estar haciendo lo que quiere hacer, de no renunciar a sus sueños, le acompaña desde siempre y, especialmente, desde que aterrizó en España cuando apenas tenía 20 años con el grupo de salsa de Isaac Delgado y decidió no sucumbir a las presiones y hacer la carrera que quería.

“Ganaba buen dinero con él y teníamos mucho prestigio, pero a la semana de estar en España me echó de la banda porque no quise darle mi pasaporte. Así que tuve que ir a Cáceres, donde vivía mi hermano, y empezar a ganarme allí la vida”, detalla.

Su primer trabajo fue, se ríe, en un bar “de ligoteo”, como averiguó cuando su jefe le reprochó que no bailaba con las mujeres que se lo pedían “insinuantes”- “Duré tres semanas”.

“Ha sido muy duro y lo he pasado muchas veces realmente muy mal, pero nunca abandoné y eso que en España no hay una gran tradición de música de jazz, pero poco a poco fui saliendo adelante y defendiendo lo que quería”, explica.

Ahora tiene tanto trabajo que cuando su compatriota el compositor Archi Alpízar le dijo que quería que fuera él el interprete de la música que acababa de componer dudó si tendría tiempo, pero cuando tocó los temas de “Water’s memories” supo que “lo sacaría de donde fuera”.

“Es mi primer disco a piano solo y estoy muy orgulloso porque es tremendo trabajo. Estoy en un momento personal y profesional muy bonito. Si me dan el Grammy, bien, y si no, no pasa nada porque la nominación ya vale de mucho y hago lo que siempre he querido”, presume el pianista.

El proyecto de “Water’s memories”, recuerda Alpízar (Matanzas, 1958) nació casualmente- su alumno, el productor y abogado Leoncio Areal, le escuchó improvisar, mientras hablaba por teléfono, y le pidió “más de aquello”.

“Aquello” eran cosas que se le ocurrían al estilo de lo que hacía cuando solo era un niño y su madre le pedía que “inventara” melodías al piano.

Empezó como un juego hace tres años y cuando Areal le dijo que lo tenían que grabar él se negó en rotundo a ser el intérprete porque aunque es profesor de piano, de armonía y contrapunto, para tocar “se necesita una sistematización” que él no tiene.

En ese punto surgió el nombre de Melón Lewis y “lo demás ya es historia”, se ríe el compositor, nacido como Fernando Alberto Rodríguez Alpízar aunque ya nadie le conoce con ese nombre sino con el artístico.

Todos los temas del disco son en inglés porque a Alpízar, que vive en Madrid desde 2004 aunque como Melón Lewis va con mucha frecuencia a su país, le gusta ese idioma y es “recuerdos del agua” porque está dedicado a su madre, fallecida en 2001, y porque ese elemento -“Cuba está rodeada de agua”- es el de su primera memoria”.

“Creo que en estas composiciones hay de todo un poco. Es un disco que habla del pasado, presente y futuro.

Es un cúmulo de vivencias y cuando lo escucho me doy cuenta de que tiene mucho que ver con mi infancia, por eso hay aroma de Rasmaninov, Tchaikovsky o Puccini, porque era lo que yo escuchaba en mi casa”, detalla.