Memoria, pintura y poesía

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Suscitando admiración universal, Venecia es la capital de la belleza y lo bello omnipresente, museopermanente y secular, lo que provoca en todos una emoción estética y una reverencia por la historia. Es algo único en el mundo, que artistas visuales, artesanos, escritores, músicos compartan, juntos, pasado y presente –ojalá también el futuro– idiosincrasia de una ciudad. No se trata solo de una maravilla monumental, sino de la vida diaria que ofrece, sin cesar, conciertos, conferencias, obras de teatro, exposiciones.

Venecia es plaza de la más famosa bienal del mundo, que ha acogido a varios artistas dominicanos.
Hoy, en la Galería Magazzino, en el barrio de la Academia y a dos pasos de esa sede, se suma la participación de Iris Peynado, Roberta Semeraro, Rosalía Ramírez y Patricia Mano Tolentino para una exposición singular.
Patricia Mano Tolentino presenta una muestra emotiva y emocionante, la “Niñez robada” (“Niñez Rubata”), cerca de 60 retratos reales-imaginarios de niños encerrados en el guetto de Varsovia durante la Segunda Guerra Mundial y prometidos al exterminio.
El Museo Yad-Vashem, centro mundial de la conmemoración de la Shoah en Jerusalén, remitió a Patricia una documentación fotográfica.
El Museo Hebráico de Venecia ha reconocido la exposición como parte de su programa conmemorativo de la “Jornada de la Memoria 2020”, celebrando al otro día de la apertura una concurrida actividad, incluyendo propuesta, evocación, análisis, comentario y lectura.
Iris Peynado, vicepresidenta de la Asociación Cultural Rosam, fue la gestora del proyecto; Roberta Semeraro fue la curadora y la museógrafa y Rosalía Ramírez compuso poemas inspirados por las obras pictóricas. Si bien el hecho de que las “coautoras” son mujeres causa orgullo, amerita una mención especial la implicación del comunicador Davide Federici y el video excelente del artista Marco Agostinelli.
Este es un ejemplo de labor en equipo, de fe y generosidad, por talentos diferentes y mancomunados.
La exposición: de pintura. “En el proyecto “Niñez robada”, el arte se convierte en denuncia de la locura humana”, expresa Roberta Semeraro, historiadora y crítica de arte.
Así lo percibimos en la pintura de Patricia Mano Tolentino, en aquellos pequeños rostros. Para la muestra, se han elegido formatos menores, y Roberta Semeraro hizo un montaje notable, disponiendo de pocos elementos, el cual consigue impresionar por los conjuntos de cuadros que luego el espectador va mirando y apreciando en la individualidad.
Son pequeños, pero parecen efigies “mayores”, modelos y referencias, que ilustran a la vez la candidez y aun la alegría de la niñez, hasta en circunstancias trágicas, entre el hambre, el abandono, el temor. La artista, reunió y eligió fotografías y las interpretó, a la vez con sinceridad, personalidad y temperamento.
Sobrecogen las intensas pupilas, esas mirada interiores y exteriores, la expresividad intensa de los rostros. Es una cualidad esencial, con una complejidad de sentimientos en imágenes contundentes. Las criaturas, hasta solas, no lucen ensimismadas.
Moviéndose dentro de la memoria del horror, ella dirige su propia mirada a otros horizontes, realidad, ilusión, sueño, pesadilla, que tienen una correspondencia en la paleta mediatizada y la luz tenue, que cromáticamente caracterizan estos retratos dramáticos.
Ahora bien, vemos en esta exposición de Patricia, arquitecta de formación y con unos seis años dedicados a la pintura, cómo ella ensancha su camino por el arte. Enfrenta, prudente, los retos de la técnica y recrea imágenes.
Ella emprende la ruta del realismo con un leve asomo de expresionismo. Va revelando su emoción, conjugando la vida y su(s termino(s), manifestando compasión y dolor. Los retratos de infantes, niños y adolescentes, dicen la angustia y el destino fatal, aunque, turbados y turbadores, todavía “no saben”… Como bien lo expresa Iris Peynado, “La Shoah es una tragedia que no tiene igual en la historia”.
Los poemas de Rosalía Ramírez. La escritura forma parte del discurso pictórico, y descubrimos el talento –plural–, de ritmo, y sonoridad a léxico y sentimiento de Rosalía Ramírez, con dieciocho poesías –en español y hermosamente traducidas al italiano–.
Tenemos aquí a una poeta dominicana auténtica, que debe tomarse en consideración, y demasiado discreta… Lo más extraordinario es cómo ella puede tratar líricamente, y de modo tan verosímil, este tema, ajeno a su realidad existencial, aunque una minoría –por suerte– de los niños dominicanos, por pobreza y dejadez familiar, sufren, en otro contexto, una “niñez robada”, también agredida y destruida.
Rosalía eleva la escala temática a una dimensión alegórica, a una atmósfera real-simbólica, poblada de los niños de la Shoah y, perennemente, del mundo, desgraciadamente…

Niño, niña sin tiempo
niño, niña hijo de la ilusión
nacido del verso
para vivir en terror.
Niño, niña sin tiempo
y de alma vieja y triste,
¿dónde fuiste?
¿dónde se escondió la alegría
y tus pupilas de universo?
En mi llanto,
en el llanto de tantos
en la crueldad de aquellos, en el amor de Dios?
Niño, niña sin tiempo
tus ojos no son los mismos,
ya no tienen su color,
niño, niña sin tiempo
mirada que cambia
del papel a mi lienzo
y es que contigo,
la mía, también cambió. Rosalía Ramírez

Este es el mensaje que nos llega de las dos artistas, en un viaje imaginario por países con promesas de esperanza, donde no habría fronteras, barreras políticas y sociales, donde finalmente el hombre encontraría aceptación más allá de la diferencias raciales y religiosas.