Memorial del mesías

Desde ayer, la cristiandad honra con veneración la Semana Mayor, cuando Cristo que traduce Mesías, ingresó a Jerusalem en medio de vítores y algarabía por la muchedumbre que cinco días después festejaba la sentencia del Sanedrín, refrendada por Poncio Pilato, para condenar, inocente, al hijo de Dios, enviado al mundo para redimir a la especie humana de sus abyecciones.
Han discurrido desde entonces 2016 años del suceso divino referencial para la fe cristiana de Cristo fallecer el primer día de luna llena de la Primavera, que cada año, como los días son rotativos, no encaja un mismo día de la semana y este año la fecha cae este miércoles.
Pero el día que fuese, la intención invariable de la cristiandad consiste en recordar y honrar el sacrificio de la vida ofrendada por Jesucristo como una muestra suprema de amor del Padre, Jehová, hacia la criatura humana que tantas veces ha desertado de su prédica para caer en el pantanal de lo censurable y despreciable a su juicio.
En estos tiempos más convulsos que cualquier otro, en todo el planeta Tierra, el único que Jehová diseñó con toda suerte de vida, humana, vegetal y animal, la vertiente de conmemorar el sacrificio de Jesucristo es propicia para la enmienda.
Presenciamos como los gobiernos incurren en actos proditorios desviando los recursos de los contribuyentes para forjar fortunas mal habidas; el crimen se esparce como una ola gigantesca que amenaza a todos; el sexo contra natura es legalizado por gobiernos, hasta en Italia, sede de El Vaticano, y el hombre sigue matando a sus semejantes por bienes materiales que no disfrutará más allá de su vida, condenándose a priori.
El Memorial es propicio para auto confesión y corrección del camino.