Memorias de Abbes

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La prevención de Américo Lugo de que la historia de cualquier hecho o suceso significativo para la vida de un pueblo, nación o Estado debe escribirse cincuenta años después de la desaparición física de los protagonistas, o a veces incluso 75 ó 100 años, con ese mismo cuidado deben ser leídas las memorias de Johnny Abbes tituladas “Trujillo y yo”.

Con igual prevención hay que leer todos los libros que sobre Trujillo se han escrito después de su muerte en 1961.

Tanto las memorias de Abbes García como los libros sobre Trujillo son “historia inmediata”, como le llama Lugo.

El interés, a veces morboso, de quienes buscan afanosamente cualquier libro o artículo sobre los entresijos e intríngulis de la Era de Trujillo y sus protagonistas y personajes obedece al hecho de que no han desaparecido todavía del todo de la escena pública las pasiones y los personajes que transitaron ese tramo de nuestra historia.

Por estas razones es bueno recordar este trozo de la carta de Lugo a Trujillo ( de fecha 13 de febrero de 1936) en la cual le dice lo siguiente al rechazar la pretensión del dictador de que el intelectual escribiera la historia  de Santo Domingo desde el descubrimiento hasta la última década: “Lo acontecido durante ella está todavía demasiado palpitante. Los sucesos no son materia de la historia sino cuando son materia muerte. Lo presente ha menester ser depurado, y sólo el tiempo destila el licor de verdad dulce y útil para lo porvenir. Todo cuanto se escribe sobre lo actual o lo inmediatamente inactual, está fatalmente condenado a revisión. La administración del general Vásquez y la de usted sólo podrán ser relatadas con imparcialidad en lo futuro. El juicio que uno merece de la posteridad no depende nunca de lo que digan sus contemporáneos; depende exclusivamente de uno mismo. Aparte de estas consideraciones decisivas, yo no podría escribir ese trozo de historia, por dos razones: la primera, mi falta de salud: la segunda, mi falta de recursos. Recibir dinero por escribirla en mis presentes condiciones, tendría el aire de vender mi pluma, y ésta no tiene precio”.

Gran lección de ética y de epistemología de la historia y de valor personal. ¿Quién, en el largo tramo de la historia del trujillismo, salvo que no estuviera en el exilio, podía darse el lujo de escribir esa carta, y la del 4 de abril de 1934, a Trujillo? Pero no fue solamente el rechazo de la propuesta de Trujillo, si no decirle al propio dictador lo que Lugo le dijo: que él escribía desde un rincón de su casa y que no recibía órdenes de nadie.

No se espere de este artículo una glosa o recuento de las memorias de Johnny Abbes. Eso lo ha hecho estupendamente bien Orlando Inoa en la presentación y a lo largo de todas las notas que sitúan, refutan, concuerdan o critican la versión del temible y poderoso jefe del SIM.

He conversado con distintos historiadores. A todos les he preguntado sin son verdaderas o apócrifas. Están divididos en las respuestas. El problema es que Abbes García estaba muerto en Haití el 30 de mayo de 1967, si hemos de creer lo propalado por la prensa  nacional e internacional. En la nota 19 del libro, Inoa reproduce una cita de un artículo de Norman Gall publicado en la revista “Política”, de Caracas, en 1967, donde afirmaba, con respecto a Abbes García y su familia: “Se cree que están muertos, pero no hay pruebas de ello.”

El periódico “El Tiempo” de Nueva York, dice Inoa, inició la publicación de las memorias de Abbes García el 22 de octubre de 1967, pero ya estaba muerto para negar o afirmar la veracidad de las mismas.

 Además, alguien de la absoluta confianza de Abbes García le allegó, luego de dado por un hecho su asesinato en Haití, las memorias a Stanley Ross, director del periódico de marras. Pero recuérdese que Ross fue el primer director de “El Caribe” cuando se funda en 1948, y luego de su partida de Santo Domingo siguió en la nómina de Trujillo. De modo que es lógico que esas memorias se publicaran por entrega en el citado periódico, puesto que las mismas son una reivindicación del trujillismo y del papel desempeñado por el jefe del SIM a favor de aquel régimen.

Pero como todo eso es historia inmediata, cuando fluyan, dentro de unos cincuenta años todos los documentos diplomáticos, correspondencia secreta, informes de espías y memorandos de las Cancillerías extranjeras que tuvieron embajadas y consulados en nuestro país durante el período trujillista, entonces los historiadores del futuro podrán establecer lo que hoy es misterio, es decir, desconocimiento, puesto que los intereses son tan grandes que no permiten, en nuestro presente, acceder a tales documentos.

Las personas que vieron a Abbes García en Haití (Fernando Infante, el músico Rafael Solano y personal de seguridad de la Embajada dominicana en Haití) le reconocieron como tal, lo cual desmiente la especie de Bernard Diederich  (p. 10) de que se había hecho “una cirujía plástica para ocultar su verdadera fisonomía.” Eso lo hubieran notado Infante, Solano y los espías al servicio de la Embajada dominicana.

La realidad es que si viviera, Abbes García tendría actualmente 85 años, puesto que según afirma, nació el 27 de marzo de 1924 en la calle 19 de Marzo.

Las memorias de Johnny Abbes no fascinan tanto porque todo lo narrado por él ha sido vaciado en libros y artículos publicados en nuestro país o en el extranjero. Los hechos en que intervino en México, Centroamérica y Cuba, han sido ya descritos hasta la saciedad, incluso su caída en “desgracia” a la llegada de Ramfis, así como su posterior exilio en Japón y su llegada a Haití son del dominio público.

Salvo pequeños detalles esparcidos por aquí y por allá (por ejemplo, la delación que hizo de su ex esposa mexicana Guadalupe para que la deportaran) llaman a veces la atención acerca del “alma desalmada” de este personaje que modernizó el espionaje en la República Dominicana y lo llevó a límites insospechados de crueldad en nombre de un Estado totalitario que se derrumbó con el ajusticiamiento de quien lo encarnó y a la vuelta de casi medio siglo nos encontramos con nuestra vieja realidad de los siglos XIX y XX: el clientelismo y el patrimonialismo  de bolos y coludos apoyado masivamente por el pueblo dominicano.

Trujillo y yo

Excelente trabajo de edición

Orlando Inoa, director de Editora Letragráfica, puso en circulación este libro contentivo de las “memorias” justificatorias de la dictadura de Trujillo.   El libro tiene 340 páginas, que incluye una  introducción escrita por Inoa, en la que éste explica la historia de las memorias y  extrañas coincidencias que las mantuvieron inéditas por años.