Memorias de Hillary Clinton

El ser humano se distingue del resto de las especies animales entre otras cosas por el simple hecho de tener la capacidad de registrar su historia, pudiendo así transmitirla a generaciones futuras, de tal modo, que estas últimas no se vean precisadas a repetir los mismos errores de sus antepasados y sí resulten beneficiadas con las experiencias de sus predecesores. De ahí el gran valor de los libros, ya que a través de ellos nos enteramos de la vida y comportamientos de personalidades, interioridades de los gobiernos, observaciones de la naturaleza, interpretaciones sociológicas, así como del quehacer político internacional, entre otras cosas.

La versión en español del libro de Hillary Clinton, titulado Historia viva, Memorias, Hillary Rodham Clinton, publicada por la editorial Planeta, a mediado de este año 2003, es una obra que bien merece una atenta lectura de sus 619 páginas. Dicha autobiografía recoge en forma detallada y amena la vida de esta mujer excepcional, abogada, madre, esposa, ex primera dama y actual Senadora por el Estado de Nueva York. La señora Clinton relata de una manera sencilla sus vivencias desde la niñez, adolescencia, tiempos universitarios y muy en especial el período de los ocho años en que su marido fue presidente de los Estados Unidos de Norteamérica.

Confiesa Hillary que las decisiones más difíciles en su vida han sido en primer lugar el permanecer casada luego del escándalo sexual de Clinton con la becaria Mónica Lewinsky, y en segundo lugar, el presentarse como candidata al cargo senatorial. En cuanto al primer caso comenta: “Me sentía embargada por una responsabilidad dual, hacia mi marido y hacia mi país”. Optó por darle el apoyo al jefe de su nación, muy a pesar de lo desastroso de su estado emocional en aquel momento.

El texto destila su identificación con el programa de gobierno que Bill Clinton implementó durante su gestión. También se advierte lo consciente que está de los tejemanejes politiqueros. Ellos se confirma cuando nos dice: “Sigo creyendo que hubo, y que aún hay, una red de grupos e individuos que trabajan en estrecha colaboración para cambiar el sentido de las manecillas del reloj y erosionar muchos de los avances que nuestro país ha logrado, en términos de derechos civiles, derechos de la mujer, regulaciones medioambientales y de protección al consumidor, y que emplean todas las armas a su alcance, dinero, poder, influencia, medios de comunicación y política, para lograr sus fines. En los últimos años, también han dominado el arma política de la destrucción personal”.

Esta mujer dotada de una agudeza y olfato político, en consonancia con la de su compañero, nos ofrece otra demostración de su creciente maduración política cuando escribe: “Fuimos descubriendo que pare de la oposición a la reforma de la sanidad, como en Whitewater, formaba parte de una guerra política que era mucho mayor que Bill o que los temas que intentábamos defender. Estábamos en la línea de frente de un conflicto ideológico cada vez más hostil entre demócratas centristas y un Partido Republicano que cada vez se estaba escorando más a derecha. Estaban en juego las nociones de gobierno y de democracia y el rumbo que nuestra nación habría de tomar en los años venideros. Pronto comprendimos que no había nada sagrado en esa guerra y que el enemigo estaba provisto de mejores armas de batalla política que nosotros: dinero, medios de comunicación y organización”.

El libro destila un fuerte apoyo a los derechos de la mujer, lo cual se pone de manifiesto cuando establece: “Los chinos tienen un antiguo refrán que dice que las mujeres sujetan la mitad del cielo, pero yo creo que en la mayor parte del mundo sujetan mucho más de la mitad. De las mujeres depende en buena parte el bienestar de sus familias. Pero a menudo su trabajo no se reconoce ni se recompensa, ni dentro de la familia ni en la economía formal”.

Por otro lado, reconoce las cualidades de su esposo; así lo vemos cuando admite: “Bill es más paciente que yo… Posee la extraordinaria habilidad de ver más allá en política, de calibrar las consecuencias de los actos de cada participante y de planear a largo plazo. Uno de los puntos fuertes de Bill es su disposición a escuchar opiniones distintas y luego sopesarlas para llegar a sus propias conclusiones”.

Vale la pena reseñar lo profundo de su pensamiento, lo cual se pone claramente en evidencia en el discurso que pronunciara en la ciudad de Davos, Suiza, durante el Foro Económico Mundial. Allí habló de los tres ingredientes fundamentales de una sociedad moderna: un gobierno capaz de funcionar con eficacia, una economía de libre mercado y una sociedad civil viva. A seguidas reflexionaba: “En esta tercera área, fuera del mercado y del gobierno, está todo lo que hace que vivir merezca la pena: la familia, la fe, las asociaciones voluntarias, el arte, la cultura. No existe ninguna institución humana perfecta. No existe ningún mercado perfecto, excepto en las abstractas teorías de los economistas. No existe ningún gobierno perfecto, excepto en los sueños de los líderes políticos. Y no existe ninguna sociedad perfecta. Tenemos que trabajar con seres humanos, tal y como los encontramos”.

Finalmente, vale la pena resaltar el análisis que hace Hillary sobre las causas de la no reelección de Jimmy Carter en 1980. “La economía se hundía lentamente y los tipos de interés bancario seguían subiendo. La administración tuvo que concentrarse en una serie de crisis internacionales que culminaron con la toma de rehenes norteamericanos en Irán y que la apartaron de los problemas internos… Los sureños tienen una expresión para describir a algo o a alguien que siempre tiene mala suerte, una expresión que resultaba perfectamente aplicable a la presidencia de Jimmy Carter, pues para entonces ya estaba claro que estaba mordida por una serpiente. Pero no resultaba tan sencillo admitir que el puesto de gobernador de Bill Clinton fuera a sufrir el mismo destino”.

He ahí como una crisis económica, sumada a una crisis política internacional impidió que Carter se reeligiera, y, de paso, salpicó al gobernador de Arkansas, William Clinton.