Memorias de un territorio ambicionado

Amparo Chantada Gonzalez

Los destrozos de las lluvias de noviembre 2016 no fueron por las lluvias, sino por la resultante del mal manejo de la presa de Taveras, la inexistente planificación territorial e urbana, las construcciones civiles mal hechas no adaptadas al paisaje subtropical nuestro y el abandono de la zona rural por el Estado dominicano, en cuanto a infraestructuras especificas me refiero. Afirmamos eso, porque vemos cómo históricamente se está maltratando al campesinado y cómo el Estado dominicano conjuntamente con las inversiones privadas “modela”, “diseña” un territorio sin contemplar la gente del campo, como si fuera una nación urbana!.
¿Cuáles son las grandes transformaciones que ha conocido el espacio dominicano? Una sola: la tierra, como el sustrato o el bien natural, no renovable, más importante de nuestro país- porque ni se “fabrica”, ni “puede pasarse de sus 48,000 km2”. Desde la geografía política y humana, se sintetiza así: 1º la delimitación de la frontera; 2º la instalación a final de siglo XIX de los ingenios azucareros; 3º la ocupación US del 16 y la acaparamiento de las tierras en el SE y el SW del país por la South Puerto Rico C., y 4º la formación de grandes propiedades en las cordilleras como Trujillo con el Central Río Haina; 5º la formación del CEA del IAD y de Bienes Nacionales para la gestión de los bienes confiscados y la tierra en particular; 6º la reforma agraria de los 70; 7º la creación de parques y áreas protegidas; 8º La creación por el Estado de las zonas francas industriales; 9º los enclaves turísticos en el Norte y Este de la Isla; 10º las concesiones mineras en el territorio; 11º la estructuración del Distrito Nacional y la provincia Santo Domingo. ¿Geo-históricamente qué significaron esas políticas? La desaparición de las tierras comuneras y la difusión a gran escala de la propiedad privada, que ha relegado el campesinado a la condición de nómada y que lo llevó a ocupar áreas marginales, cerca de ríos, en vertientes, en montañas: la destrucción de la pequeña unidad familiar productiva rural, la “fabricación de un excedente poblacional” que emigró hacia las ciudades, formando los barrios muy pobres y provocando escasez de mano de obra agrícola. A ese fenómeno, el Estado ha contribuido asignando función a la tierra y, mas aún, con su política de construcción de grandes infraestructuras, ha contribuído también a la escasez de tierras para la producción agrícola. Hace décadas, que el pequeño campesino se transformó en el “blanco” principal de la sociedad. La concentración de las inversiones en el ex DN en detrimento del interior y con las pocas iniciativas privadas han conformado un territorio a parte en el país cuyos habitantes se creen “urbanos”. Las lluvias han demostrado que debemos revisar nuestras estadísticas, en particular las que definen lo “rural”: somos un país rural que se avergüenza de serlo y no somos “urbanos” como las estadísticas lo afirman, las lluvias lo demuestran. Hay que repensar nuestro territorio a la luz de la ciencia y no de la política.