Menos bocinas, más periodistas

millizen

El Estado Social Democrático y de Derecho que proclama la Constitución dominicana es imposible sin un buen periodismo.

A Thomas Jefferson se le atribuye haber dicho: “Prefiero periódicos sin democracia, que democracia sin periódicos” o “prefiero periódicos sin gobierno, que gobiernos sin periódicos”, señalando temprano la importancia del periodismo para un buen Estado.

Y es que el periodismo se concibe como el perro guardián de la sociedad. Así lo consigna una de las teorías clásicas sobre los medios de comunicación, que establece que su rol en una sociedad democrática es fungir como protectores de los ciudadanos y velar por sus intereses. Para esto los periodistas deben supervisar la gestión pública de los gobernantes, de los empresarios y de todos aquellos actores que tengan en sus manos la toma de decisiones que afecten a su “amo”: la sociedad.

El rol de la prensa en aras de la democracia es fundamental. Trasciende la libertad de expresión e implica difundir las informaciones necesarias que permitan que los ciudadanos puedan tomar las mejores decisiones en relación a quiénes manejan y manejarán la cosa pública.

En el caso de República Dominicana, sectores políticos cuya voluntad no está encaminada al bienestar colectivo, sino que buscan defender, desde los puestos de poderes públicos, sus intereses personales, apuestan a la degradación de la prensa.

Propiciaron y mantienen unos nuevos actores de la “comunicación”: las bocinas e interactivos. Se trata de personas que a cambio de dinero, posiblemente emanado de los mismos recursos del Estado, abandonan la función de análisis crítico y objetivo, que requiere el ejercicio periodístico, en pro de los intereses del país y del pueblo, para defender a sus clientes y no cuestionar sus actos, así sean lesivos para la sociedad. Es así como hoy el ejercicio periodístico presenta una gran contradicción: gracias a la tecnología ha avanzado en su modo de producción y difusión, cuenta con herramientas modernas, pero en la parte ética estamos ante una seria involución.

A esto se suma que las condiciones para ejercerlo no son las mejores. La gran mayoría de periodistas no tiene salarios dignos y adolece de la protección social necesaria.

No obstante, en un país donde a parte importante de la población no se le garantizan derechos fundamentales como alimentación, salud, educación, vivienda, ni servicios básicos como agua potable, energía eléctrica y transporte, y la inequidad también es observable en el tema de los ingresos y el salario, el periodismo está llamado a ser una herramienta para el cambio social, político y económico.

Nuestra Constitución dice que República Dominicana ha de ser un Estado Social, Democrático y de Derecho. Esto implica justicia social, bienestar colectivo, no de las élites, que los ciudadanos participen en la toma de decisiones del gobierno, de modo directo o a través de representantes, quienes en todo momento deben estar sometidos a la ley y a la voluntad popular, no a la suya propia.

Para lograr esto, los periodistas deben asumir un rol crítico y no plegarse al poder, a quienes lo ejercen y a sus dádivas.

Hoy, para tener una mejor República Dominicana, hacen falta más periodistas y menos bocinas.