Mensaje de la Editora

Siempre he pensado que el día dedicado a homenajear a las Madres ha sido concebido para concienciar a los hijos. Y es que, estoy completamente de acuerdo con la afirmación que inicia este editorial de que sólo aprendemos a ser hijos cuando somos padres, y sólo aprendemos a ser padres, cuando somos abuelos.  En consecuencia, enfrentamos casi siempre, un desfasado papel, a veces imposible de corregir aunque nos lo propongamos porque, inexorablemente, ¡el tiempo pasa!

Y cuando nos damos cuenta, nos quedamos huérfanos de nuestros hijos.  Desearíamos entonces que vuelvan a ser niños, que no se vayan de casa, que inunden el hogar con sus ruidos y risas, y en fin, que nos permitan seguir amándolos, en un nuevo tiempo donde la madurez nos ha permitido mirar con una más amplia perspectiva, lo esencialmente importante. 

Así que, en esta edición especial dedicada a todas las madres dominicanas, y donde hemos recogido el perfil de 16 madres ejemplares, quisiera compartir con todos nuestros lectores, esta linda reflexión que recibí hace un tiempo a través del correo electrónico. ¡Disfrútenlo!

“Hay un periodo en que los padres quedamos  huérfanos de nuestros hijos. Ellos crecen independientemente de nosotros, como árboles murmurantes y pájaros imprudentes. Crecen sin pedir

permiso a la vida, con una estridencia alegre y a veces, con alardeada arrogancia.  Pero no crecen todos los días. ¡Crecen de repente!!

Un día, se sientan cerca de ti y con increíble naturalidad, te dicen cualquier cosa que te indica que esa criatura, hasta ayer en pañales y pasitos temblorosos e inseguros, creció… ¿Cuándo fue que no lo percibiste? ¿Dónde quedaron las fiestas infantiles, los juegos en la arena y los cumpleaños con payasos? Crecieron en un ritual de obediencia orgánica y desobediencia civil. 

Ahora estás ahí, en la puerta de la disco, esperando ansiosa, no sólo que no crezca, sino que aparezca…  Allí están muchos padres al volante, esperando que salgan zumbando sobre patines, con sus pelos largos y sueltos.

Y allí están nuestros hijos, entre hamburguesas y gaseosas; en las esquinas con el uniforme de su generación y sus incómodas mochilas en sus espaldas.

Y aquí estamos nosotros, con el pelo cano…

Y son nuestros hijos, los que amamos a pesar de los golpes de los vientos, de las escasas cosechas de paz, de las malas noticias y las dictaduras de las horas. 

Ellos crecieron observando y aprendiendo con nuestros errores y nuestros aciertos; principalmente con los errores que esperamos no repitan…

Hay un periodo en que los padres vamos quedando huérfanos de hijos; ya no los buscamos en las puertas de las discotecas y los cines.

Pasó el tiempo del piano, del fútbol, el ballet, la natación…  Salieron del asiento de atrás y pasaron

al volante de sus propias vidas.

Deberíamos haber ido más junto a su cama en la noche, para escuchar su alma respirando, conversaciones y confidencias entre las sábanas de la infancia. Y cuando fueron adolescentes, aquellos dormitorios  llenos de adhesivos, posters, agendas coloridas y discos ensordecedores.

¡No los dejes crecer sin mostrarles tu afecto!!

Al principio nos acompañaban al campo, a la playa, a piscinas y reuniones con amigos, sin faltar las navidades. Había grandes peleas en el auto por la ventana, los pedidos de chicles y la música de moda.  Después, llegó el tiempo en que viajar con los padres se volvió un esfuerzo y sufrimiento, pues era muy difícil separarse de los amigos y los primeros novios. 

Y quedamos los padres exiliados de los hijos.

 Ahora tenemos la soledad y tranquilidad que siempre habíamos deseado…Y nos llegó el momento en que solo miramos de lejos y esperamos que elijan bien en la búsqueda de la felicidad.  ¡Y conquisten al mundo del modo menos complejo posible! Queda esperar. En cualquier momento nos dan nietos. El nieto es ahora de cariño ocioso y estancado.  Por eso los abuelos son tan desmesurados. Y se descontrolan tanto con la expresión de cariño. Los nietos son la última oportunidad de re-editar nuestro afecto.  Por eso es necesario ¡hacer una cosa más antes de que crezcan…, ¡amarlos desmesuradamente!”

Disfruten de esta edición llena de buenos ejemplos y divertidas opciones para halagar a mamá, al tiempo que les deseamos muchas bendiciones a todas las madres y abuelas dominicanas.

Hasta la próxima