Mensaje de la editora

“Si te tomas un tiempo para agradecer a Dios por el  presente, no tendrás tiempo para preocuparte por el mañana”
Para cuando salga publicado este editorial, estaré disfrutando de unas merecidas vacaciones. Hacer un alto en el camino de la prisa para disfrutar de la tranquilidad que produce la libertad del tiempo, es algo que necesitamos todos los seres humanos.

No importa la forma en que lo logren, ni las fórmulas que seleccionen para sentirse relajados, lo importante es lograr desconectarse de la rutina, de la obligación, del reto del tiempo, de esas prisas asfixiantes, de los compromisos, y en fin, de la cotidianidad. Cuando logramos desconectarnos -porque algunos no lo logran, aún estén de vacaciones- nuestros ojos humanos se agudizan para poder apreciar cosas sencillas, revestidas de una inusual belleza. Pero lo más importante es que se produce un encuentro con nuestro yo interior, ese que mantenemos aprisionado y subyugado a los deberes cotidianos. La lectura de un libro que había reposado meses al lado de nuestra cama, el placer de una buena siesta y la increíble sensación de no hacer nada, son regalos que tenemos que darnos más a menudo. Hay personas que han logrado manejar las “vacaciones de minutos”, esos respiros que en el medio de la jornada de trabajo, o del stress más increíble, nos permiten recuperar fuerzas para volver a la batalla. Pero, si es usted de los que posterga los momentos de descanso, las maravillosas vacaciones anuales, acompañados de nuestra pareja y cuando se puede, de toda la familia, les aconsejo que recapaciten y se permitan el lujo de encontrarse nuevamente. Las parejas afianzan su relación de una manera preciosa, las perspectivas del futuro se vislumbran con más claridad, los valores del presente se cuidan y comparten con más calidad y la visión de nuestra pequeñez se magnifica con las obras maravillosas de nuestro Creador cuando observamos las bellezas de nuestro planeta.

Sin embargo, cuantas personas conocen la importancia de este equilibrio entre el trabajo y el descanso y solo atinan a decir: “tengo que…,” y todos esos buenos propósitos quedan en un futuro infinito. Y a propósito de esta frase tan usada, comparto con ustedes algunas notas del Ing. Diego Sosa, que recibiera desde Hamburgo, Alemania, vía internet y que precisamente tituló “¡Tengo que!”:

“¿Es hacer ejercicios un “tengo que” o un “quiero hacer”?
 

Eso depende de cómo usted lo vea en su vida.
Si lo hace para verse mejor, o lo hace para sentirse mejor.
Si es para verse mejor, o para que lo vean mejor, entonces siempre lo verá como un “¡Tengo que!”.

 Ahora, si usted se va a sentir mejor, entonces no tengo dudas de que lo disfrutará y sentirá un gran placer de dedicarle tiempo a algo tan importante en la vida como es nuestro propio cuerpo, el que alberga nuestra alma.  Por ello, defina primero cuál es su misión en la vida, colóquese un propósito, y luego verá que no es difícil dejar de decir “¡Tengo que!”  Su último “¡Tengo que!” será ¡Tengo que estar feliz con el futuro que estoy construyendo para mi!”

Y es que, en efecto, el conocido “tengo que…”, es una frase que usamos sin darnos cuenta, pero que involucra la postergación de ese supuesto compromiso. Compromiso que en el fondo no queremos hacer, porque si así fuera, el “tengo que” se convertiría de inmediato en ¡quiero hacer….! , o en un ¡voy a hacer…!”  Aprendamos pues, a convertir nuestras acciones en propósitos claros, firmes y satisfactorios. Propósitos que los encaminen por senderos de equilibrio, de armonía interior, de crecimiento espiritual, de crecimiento profesional y personal. No permita que la vida y los afanes del diario vivir le creen una telaraña de supuestos compromisos insalvables. Deje siempre libre y respirando su espacio vital, ese que le permite escoger lo que le guste para equilibrar el stress. Bien puede ser escaparse por algunos días a una playa, a la montaña, leer un buen libro sin interrupciones, oír buena música, entretenerse con los hijos pequeños o con sus nietos, mirar el cielo y en fin, pequeñas cosas que nos reportan sin embargo, grandes beneficios emocionales.

Disfruten esta edición hecha con esmero por el equipo fabuloso de nuestra revista y les prometo imágenes hermosas de mis vacaciones por el Mediterráneo y las Islas Griegas, este regalo de Dios que me permite conocer hermosos destinos del mundo.

Hasta la próxima y que Dios les bendiga,