Mensaje de la Editora

“El que quiere amar la vida y gozar de días felices, que refrene su lengua de hablar el mal y sus labios de proferir engaños; que se aparte del mal y haga el bien; que busque la paz y la siga.
                                                                                              Salmo 34, 12-14
El lujo es un sueño de excelencia que a todos reclama. Todos aspiramos a una vida cómoda y a tener y disfrutar de los placeres de la vida sin preocupaciones. Es así que este término ha quedado encasillado en el más absoluto materialismo y en las aspiraciones asociadas a la codicia, a lo extravagante y a lo superfluo.  Pero el lujo involucra una serie de cualidades necesarias para desearlo e imprescindibles para disfrutarlo.

Y es que hay que ser culto para poder apreciar en su verdadera dimensión el universo del lujo, en el que reaccionan mezclados tradición, artesanía, creatividad, técnica, deseos, magia, hasta conseguir destilar esa materia de la que están hechos los sueños. Hay que saber apreciar la belleza para desearla. Hay que saber trabajar para conseguirla. Hay que tener paz interior para disfrutarla. Y hay que saber dar para retenerla. Si este ciclo falla, el lujo se desvanece y de nada vale intentar aprisionarlo.

Porque si bien el lujo parece pertenecer a los más ricos, de nada les vale si antes no han tenido el lujo del desprendimiento, porque la prosperidad solo se cosecha con la entrega, con la bondad de  un corazón limpio, con acciones honestas, con el convencimiento de que todo lo que tenemos o pudiéramos tener, es un regalo de Dios. Hay que rescatar por tanto del absurdo abismo de lo material a esta palabra Lujo, que en su definición más exacta afirma que es “todo aquello que supera los medios normales de alguien para conseguirlo”.  ¿Y cuántas cosas que tenemos se nos dan por pura gracia? ¿O acaso no es un lujo poder disfrutar de una puesta de sol junto a la persona que amamos? ¿O tener una hermosa familia, sana y honesta? ¿O tener excelentes amigos? ¿O disfrutar de buena salud?  Miles de cosas en nuestra vida son un lujo que no se pueden conseguir con todo el dinero del mundo. De esto se desprende que si con todas las amenazas de crisis financiera en el mundo, vivir se convertirá en un verdadero lujo, ¡aprendamos a vivir!

Cuando lo hagamos, no existirán crisis, ni tormentas, ni adversidades que puedan socavar nuestra alegría, porque nuestra riqueza estará basada en nuestra fe, que bien claro proclama en Proverbios 10-22, que “La bendición del Señor trae riquezas y nada se gana con preocuparse”.  Afirme por tanto su fe. Siembre e invierta en su riqueza interior, y todo lo demás llegará por añadidura. Porque todo aquel que brilla y cautiva, llenando de admiración y elogio a los demás, probablemente no será únicamente por las prendas que luzca, sino más que nada por esa cualidad tan volátil que llamamos clase y que se desprende desde dentro, de la armonía que habita en su interior, de la confianza depositada en su fe, y la sonrisa que logra encender la alegría en los demás.

En esta Edición Especial Platinum, que hemos dedicado a reconocer el mundo del lujo y el glamour en el seno de nuestras fronteras, exaltando nuestros talentos, nuestra gente, nuestras bellezas y nuestra capacidad de disfrutar de la vida, hemos escogido a diez distinguidas damas de nuestra sociedad, que representan el glamour y el lujo auténticamente nuestro: Lisbeth Hazoury, Maribel Haché de Fernández, Renata Soñé, Isabel Ruiz de Atallah, Melba Segura de Grullón, Desirée Dumit, Marianne Cruz, Nelva Peláez, Darys Estrella y Miriam de Mejía. 

Todas ellas, hermosamente ataviadas con diseños dominicanos, simbolizan el orgullo de lo nuestro, y el lujo de vivir en un país repleto de encantos. Pero además, disfrutarán en esta edición de excelentes reportajes que transitan los diversos caminos del buen gusto, la elegancia, y la más alta calidad, con la esperanza de que disfrutarán a plenitud nuestras ofertas y sugerencias.

Hasta la próxima entrega y que Dios les bendiga,