Mensaje de la Editora

“A los hijos puedes darles tu amor pero no tus  pensamientos, pues ellos tienen sus ideas propias.

Puedes albergar sus cuerpos pero no sus almas, pues sus almas se alojan en el hogar del futuro que tú no puedes visitar, ni siquiera en tus sueños.”

                                                                                       Khalil Gibran.


Resulta difícil aceptar que nuestros hijos crecen. De repente dejan de ser niños o niñas para convertirse en hombres y mujeres con pensamiento y decisiones propias.  Es inevitable, y por más conciencia que tengamos de ello, seguimos viéndolos como niños. Hasta que por el curso natural de la vida, debemos dejarlos partir. Y es justo en ese instante que descubrimos la cosecha que hemos logrado, paso a paso, sembrando semillas de conocimiento, de valores, de armas para la vida. Regándolas con amor y comprensión, con diálogo abierto y franco, con respeto y ejemplo, pero sobre todo, con amor a Dios. Es en ese momento de dejarlos ser, de dejarlos partir a cursar su camino de vida, que tendremos miedo o confianza, por la labor que hayamos realizado. Pero en cualquier forma, “soltar amarras” se hace necesario.

La llegada de los quince años marca una nueva etapa en la vida de nuestros hijos, enmarcada en el espacio de tiempo donde comienzan a ser adultos. Un aprendizaje que los prepara para ese viaje por la vida que deben  tomar solos.  Lo que sembremos siempre permanecerá en sus nostalgias, como ejemplo o recuerdo placentero, porque es justo en este espacio de tiempo que los sueños e ilusiones revolotean en sus mentes. Me permito compartir una breve reflexión de Lilli Russ de su libro “Los hijos”, que retrata fielmente este momento crucial por el que pasan todas las familias.

“Cuando miramos un barco en el puerto imaginamos que se encuentra en el lugar más seguro, protegido por una fuerte amarra. Sin embargo, sabemos que está allí abasteciéndose y preparándose para zarpar.  De ese modo, cumplirá con el destino para el cual fue creado: ir al encuentro de sus propios riesgos y aventuras.

Dependiendo de lo que la fuerza de la naturaleza le reserve y dejando su estela, tendrá que desviar la ruta, trazar otros rumbos y buscar otros puertos, pero retornará fortalecido por el conocimiento adquirido, enriquecido por las diferentes culturas conocidas.  Habrá entonces, mucha gente feliz en el puerto celebrando sus millas navegadas.

Así son los hijos:  sus padres son su puerto seguro hasta que se tornan independientes porque, por más protección y manutención que obtengan allí, los hijos nacieron para surcar los mares de la vida, correr sus propios riesgos y vivir sus propias aventuras.

Llevarán consigo los ejemplos adquiridos y los conocimientos aprendidos, pero lo más importante estará en el interior de cada uno, en el timón de su corazón: la capacidad de ser felices.

Del mismo modo que la felicidad no puede ser entregada o transmitida, nadie puede trazar la ruta de los hijos.  Los padres pueden, sí, procurar que lleven en su equipaje valores que les permitan poner rumbo hacia ese logro.

Los padres no deben seguir la travesía de sus hijos y los hijos nunca deben descansar en los logros que los padres alcanzaron, sino que tienen que hacerse a la mar desde el puerto al cual sus padres llegaron.  ¡Pero qué difícil es para los padres soltar esas amarras y dejar zarpar ese barco…! Sin embargo, pensando que el regalo de amor más grande que puede dar un padre es la autonomía, les deseamos ¡Buen viento y buena mar, hijos!”

 

En esta edición especial, dedicada a las Quinceañeras, compartimos con nuestros lectores, interesantes reportajes. En nuestra portada y páginas centrales, conocimos los sueños y el pensamiento de Priscilla Jorge, una linda quinceañera que inicia el camino de sus sueños e ilusiones.  Pero además, variados reportajes los llevarán por todos los pormenores que involucra esta celebración, desde la organización de la fiesta hasta el maquillaje apropiado, mientras los invitamos a disfrutar del rico contenido de esta edición, con sus acostumbradas secciones de moda, deportes, y las más selectas actividades sociales de la quincena. ¡Disfrútenla!

Hasta la próxima y que Dios les bendiga,