Mensaje Editorial

El final de un año se celebra con alegría o con tristeza.  No hay términos medios.  Y no los hay porque ciertamente es un momento importante que nos invita a meditar en el curso de nuestra vida. Qué hicimos, qué dejamos de hacer, qué ganamos, qué perdimos, qué cosas marcaron de tristeza  o de alegría este espacio de nuestras vidas.

Y es justo este resumen de conciencia, lo que permite iniciar una nueva etapa con salud mental y emocional, colocando en su justo lugar los aciertos y los desaciertos y permitiendo que la esperanza de nuevos proyectos se aposenten con verdadera ilusión en el programa de un nuevo año.  Pero lo cierto es que es importante ser lo suficientemente honestos como para encontrar nuestros fallos, y lo suficientemente valientes para enfrentar los nuevos retos. Es por tanto ineludible, convertirnos en nuestros propios críticos, para de esta forma, ser nuestros mejores guías en los nuevos inicios. Y con ello, lograr entender que lo pasado, pasado está, y que es un error arrastrarlo hacia nuevos intentos, aunque muchas veces sea de manera soslayada. Como dice Coelho, es importante  cerrar ciclos, cerrar puertas, terminar capítulos de nuestra vida que han agotado todos nuestros esfuerzos.  Es importante iniciar un nuevo año limpios de culpa, ligeros de equipaje, abiertos de par en par al porvenir, a todo lo bueno que está destinado para nosotros. Una actitud positiva atraerá sin dudas esas bendiciones que nos tocan, pero si por el contrario, nuestra actitud es de duda y pesar, de negatividad y amargura, esas cosas jamás llegarán a formar parte de su vida. La energía positiva atrae energía positiva. Y lo negativo, patina en la negatividad. Así que si quiere que esas cosas que ha soñado conseguir por mucho tiempo sucedan, es el momento de decidirse a asociarse con el único camino que lo llevará a conseguirlo: su fe.  Una fe completa, sin el menor rastro de duda, confiado en que Jesús, como Señor de su vida, como Padre amoroso, le dará justamente todo aquello que anhela.

Planifique su nuevo año, sueñe con que ya tiene todas esas cosas que ha anhelado por tanto tiempo, y agradezca a Dios por ello. Deje atrás sus fracasos, sus intentos fallidos, sus quejas y frustraciones, sus pérdidas y sus desencantos. Pero déjelos de verdad. No piense en ellos ni para contar la historia triste de sus fracasos. Mire su vida con abundancia, de bendiciones, de prosperidad, de salud, de alegrías. Y así será.

Comparto con ustedes esta meditación del libro de Eleen Caddy, “Abriendo las puertas de tu interior”, con la esperanza de que a través de esta lectura, logren vislumbrar un futuro promisorio y feliz para el nuevo año que se avecina.

“Una vez que hayas dado un paso hacia adelante con fe, nunca mires atrás

o comiences a lamentarte por lo que has dejado en el pasado.

Simplemente espera el futuro más maravilloso y contémplalo realizarse. 

Deja lo viejo atrás; está terminado. Agradece las lecciones que has aprendido y las experiencias que has tenido. Te han ayudado a crecer y te han dado un conocimiento más profundo, pero no trates de aferrarte a ellas.

Lo que te está  esperando es mucho, mucho más prodigioso que lo que has dejado atrás.

Si has puesto tu vida bajo Mi guía y Mi dirección, ¿cómo puede irte mal en algo?

Cuando das un paso adelante y luego te preguntas si has hecho bien, y te permites dudar y temer, las cosas empiezan a abrumarte, y te encuentras agobiado por el peso de tu decisión.

De manera que relájate, libérate del pasado y avanza con el corazón colmado de amor y gratitud.”

En nuestra portada y entrevista central presentamos a Ada Aimée de la Cruz, Miss República Dominicana Universo y Virreina del Universo, con una interesante propuesta para cada mes del año 2010. Conozca cómo piensa y qué  proyectos contempla esta beldad caribeña, mientras recorre las atractivas secciones y reportajes de nuestra edición especial de fin de año.

¡¡Feliz Navidad para todos nuestros lectores, llena de paz, amor y alegría y un venturoso y próspero año 2010!!

Hasta la próxima entrega y que Dios les bendiga,  
Maribel