Mentalidad e ideología
precapitalistas en la RD

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Fue Juan Bosch quien les enseñó a sus compatriotas que en el siglo XIX nuestros  políticos pagaban con vales a cargo del erario los servicios sexuales que obtenían de las prostitutas dominicanas que ejercían el oficio para ganarse la vida, esas pobres pequeño burguesas de las capas pobres y muy pobres.

Parco con el suministro de sus fuentes, Bosch hizo la afirmación en “Composición social dominicana” (1970: 219). La traigo a colación para que se vea que si eso se producía en el gobierno de Ignacio María González, hay que tomar con una pizca de sal el enunciado de nuestro insigne Pedro Henríquez Ureña, tan traído y llevado por algunos estudiosos criollos, de que con ese gobierno salido de la “revolución” que estalló en contra de Buenaventura Báez en noviembre de 1973, se inició la verdadera intelección del sentimiento de la nacionalidad dominicana.

La creencia de nuestro insigne humanista se reduce a eso: a una creencia. Como todas las creencias son falsas, la suya lo es. Copio textualmente la cita de Bosch acerca de lo que se produjo en el régimen liberal de González: “Bajo su gobierno los fondos del Estado fueron usados de tal manera que hasta las mujeres públicas cobraban en vales de Hacienda sus ‘servicios’ a los funcionarios.”

Faltaban 27 años para el inicio del siglo 21. Todavía no había ocurrido lo peor. Faltaba por llegar Ulises Heureaux, quien al igual que Báez, gestionaría la venta o arrendamiento de la misma bahía de Samaná a los Estados Unidos. Antes de la llegada de Lilís, el país vería pasar en  imágenes sucesivas los gobiernos de Espaillat,  del redivivo González de nuevo. El insigne Buenaventura Báez le sucedía el 27 de noviembre de 1876  en la presidencia por quinta y última vez. Como hizo con los tabaqueros del Cibao, esta vez creó las célebres Juntas de Crédito que “sólo sirvieron, en realidad, para constituir el origen de muchas fortunas privadas que más tarde crecieron con pasmosa rapidez”. (p. 220)

Bosch da la cita: Bernardo Pichardo, “Resumen de historia patria”, 1966: 208). El hombre que representaba a la pequeña burguesía alta, media y baja con sus capas pobre y muy pobre, había vuelto al poder a robarse las últimas riquezas que quedaron después de la Restauración. No solamente eso, sino que cuando por fin le sacaron  del poder coligados Luperón, Cabral y Cesáreo Guillermo, embarcó hasta la cubertería del Palacio presidencial.

Al final, pasó sus últimos días en Hormiguero, Puerto Rico, donde murió en 1884 y no le llegó la pesadilla de la proletarización que tanto temía, al punto de confesárselo a su hermano Damián antes de ese 1876 cuando le escribió para desde Santomas, para informarle que estaba arruinado y dispuesto a trabajar en lo que fuera. Afortunadamente, no tuvo que bajar el lomo.

Pronto volvió al poder, desde donde les dejó como herencia a su familia y a los partidarios feroces de su estilo de gobernar, la venta del país a cualquier potencia extranjera, el robo del erario, la ruina de los competidores, el fusilamiento de los opositores y el amor al boato a costa del erario. Eso repitieron sus herederos de mentalidad e ideología precapitalista. Los mismos baecistas que se aliaron con Lilís, sacando de las alforjas el dinero robado al mismo “Estado” pequeño burgués y a los comerciantes a través de las Juntas de Crédito.

Como aprendió a hacer Guillermo, baecista metido a liberal, presidente en 1979, quien según Bosch, al citar a Marrero Aristy, dice que lo último que hizo este mandatario fue vender el Alcázar de Colón para construirse una casa particular. (p. 221). El patrimonialismo y el clientelismo son la mentalidad y la ideología de los pequeños burgueses dominicanos. Los pocos que tienen la suerte de pasar a burgueses son capitalistas, pero mental e ideológicamente funcionan como pequeños burgueses. Muchas veces oscilan entre la ideología y la mentalidad de las capas pobres y muy pobres, es decir, del tigueraje, de donde salieron.

La práctica de la ideología patrimonialista y clientelista de esos pequeños burgueses y burgueses recentinos se manifiesta en su carácter depredador de los bienes públicos y privados: robo del erario y robo del dinero de los ahorristas. Viven de aparentar, tratan de evitar el dolor al comprar a la justicia con dinero, viven del boato y de la competencia de compararse con quien tiene más. Pasan de un partido a otro y lo justifican con la misma ideología de la deslealtad. Su arma favorita es el chisme. Si con eso no destruyen al adversario, recurren a la violencia. Los lujos, las vanidades y los vicios son su norte, siempre que el pago de estos corra por cuenta del erario. Si es del privado, es de lo que este pequeño burgués o burgués recentino le birla al “Estado”.

Son gente “light”, frívola, cuya afición en el siglo 19 fueron las “revoluciones” y en el 20 y el 21, los deportistas, la farándula, las modelos de las pasarela y los “best-sellers”. Creen, como pequeños burgueses y burgueses recentinos, en el destino, en el azar y en la brujería. No han roto con la mentalidad precapitalista y no pueden producir la separación entre religión y Estado.

En síntesis

Vanidad y vicios

 Pasaban de un partido a otro y lo justificaban con la  ideología de la deslealtad y su arma favorita era el chisme. Gente “light”, frívola, cuya afición  en el siglo 19 fueron las revoluciones pero en el presente lo son el deporte, la farándula, los “best-sellers” y los modelos de pasarela y creen en el azar, la brujería y el destino.